Todas las entradas de: Xaúl Sandoval

Ingeniero, repostero y cinéfilo. Amante del café, los perros, los mamuts y las Heineken. Odio el mole, la papaya y hacer el súper.

Ataca Juan Dabdoub a integrantes de la comunidad LGBT+ en Monterrey (VIDEO)

Ataca Juan Dabdoub a Ana Salazar, activista de la comunidad LGBT+ de Monterrey.

Juan Dabdoub volvió a mostrar su aparente incontrolable violencia contra lxs integrantes de la comunidad LGBT+, esta vez en Monterrey.

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Árbol de Decisión: Viviendo con Ansiedad

Cuando era niño tenía un sueño recurrente. Diversas veces he tratado de explicarlo pero era tan abstracto y borroso que nunca he logrado ponerlo en palabras. Puedo recordar aún elementos de ese sueño pero me es imposible armar todo el rompecabezas. Recuerdo estar agobiado en un rincón de algún lugar indefinido y sentir que necesitaba salir de ahí lo más pronto posible. ¿Por qué? No lo sé. Solo recuerdo que la sensación de ese momento era sumamente abrumadora.

Mayo 2012

– “¿Qué te trae por acá, Xaúl?” – Fue una de las primeras preguntas que me hizo el psiquiatra mientras cruzaba su pierna y se disponía a hacer lo que mejor hace. Escucharme. Seguir leyendo Árbol de Decisión: Viviendo con Ansiedad

“Los gays son demonios”. Alarmantes declaraciones del líder de Chechenia (VIDEO)

El presidente de la región Rusa hace menos la situación que viven los gays en Chechenia.

El presidente de checheno, Ramzan Kadyrov dio una escalofriante entrevista donde menciona que las personas gay no existen en Chechenia y si acaso existieran, son demonios que deberían irse a Canadá.

Kadyrov, quien en el programa Real Sports de HBO hablaba de la liga de luchadores de Chechenia, fue confrontado acerca del encarcelamiento, tortura y asesinato de gays y bisexuales. Kadyrov se enfureció por la pregunta del reportero David Scott:

“¿Por qué vino él? ¿Cuál es el punto de estas preguntas?”

Kadyrov finalmente contestó la pregunta: Seguir leyendo “Los gays son demonios”. Alarmantes declaraciones del líder de Chechenia (VIDEO)

Yo Pecador: El relato de un usuario de Grindr

Era un sábado como cualquier otro… o bueno, no como cualquier otro, porque lo usual sería quizá que estuviera en una fiesta, en una peda tranqui o en alguna cena improvisada con los amigos. Pero esta vez estaba en casa viendo la televisión, envuelto en una chambrita tejida a mano para protegerme del frío. Todo pintaba para ser un buen sábado conmigo mismo. Seguir leyendo Yo Pecador: El relato de un usuario de Grindr

#SerendipiTales: La peor cita de mi vida

Una de las cosas más importantes que aprendí del 2016 fue indudablemente la capacidad de decirle que sí a la vida. Y no me refiero precisamente al hecho de elegir la vida como tal sino a decirle que sí a la mayoría de las oportunidades que se me presentaran. 

Por muchos años fui una persona cautelosa para tomar mis decisiones y la mayor parte del tiempo, toda determinación iba acompañada de un plan de acción o de un análisis a veces complejo de pros y contras. Pero después de tocar fondo el pasado mes de junio, decidí hacer un imprevisto viaje que inadvertidamente cambiaría mi vida como la conocía.

Un par de días después de asimilar mi depresión y tomar acción contra ella, compré un boleto para ir a Oaxaca y reservé mi estancia por 5 días en una posada muy colorida en la playa de San Agustinillo, muy cerca de Mazunte. Uno de los destinos aún pendientes en mi Bucket List mexicana.

Sin entrar en detalles (porque esa historia está es para otro día), mi viaje a estas playas mexicanas me enseñaría que decir que “sí” a las opciones presentadas, me llevaría a vivir aventuras que pocas veces me había permitido.

A mi regreso a Monterrey, continué con este modus vivendi que consistía en no pensar tanto las cosas y decir “sí” a las posibles nuevas experiencias. Denominé este nuevo acercamiento a la vida como Serendipity (descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta) y varios de mis amigos han sido testigos de la cantidad de historias buenas y absurdas que me ha tocado vivir. Historias que poco a poco les iré contando por este y quizá otros medios.

Una de las ramificaciones de este nuevo plan fue llevar la Serendipity al terreno del amor (o en este caso a las citas ordinarias) porque algunas veces dudaba en invitar a alguien a salir y muchas otras rechazaba invitaciones de otros por mil y una razones. Todas estas historias quizá algún día vean la luz en algún libro llamado “50 dates of gay” o algo así, pero hoy les traigo un ejemplo digno de compartir: La peor cita en mi memoria reciente.

julio 2016

Era una noche de verano y platicaba con un chico en Grindr (para quienes han vivido debajo de una roca, Grindr es como Tinder pero para gays) y mencionaba que estaba en su casa terminando unas cosas de trabajo al tiempo que yo le indicaba que estaba escuchando música en mi recámara como muchas veces lo hago. Después de unas cuantas líneas de esas muy comunes (y aburridas) en esta app como: ¿Cómo andas?, ¿Qué edad tienes?, ¿Qué vas a cenar?, ¿Qué buscas?, ¿Eres activo o pasivo?, el chico me preguntó si estaba disponible para ir a echarnos un par de cheves. Serendipity.

Acepté la invitación y alrededor de una hora después llegué al lugar acordado para esto. Mi primera impresión de esta persona al observar su forma de vestir, no fue la mejor. Camisa de cuadros con dos de los botones superiores abiertos, cadena gruesa de oro, Apple Watch, y unos jeans vaqueros de heterosexual (no offense) apretados que por momentos me hacía pensar que estábamos en el Far West o que en cualquier momento sus globos oculares saltarían de sus cuencas. Además de esto, el individuo traía zapatos de vestir. ¡ZAPATOS DE VESTIR! 

La plática que se desarrolló en esta escena fue un poco accidentada. A la primera oportunidad, el individuo empezó a hablar y hablar y hablar de cómo su negocio estaba funcionando, de cómo le estaba yendo “muy bien” y de cómo estaba estresado porque por la mañana tendría una cita con un cliente y Doña Mary (la que limpia) se había quedado con las llaves y no le contestaba el teléfono. Cada ciertos minutos, una notificación arribaba a su Apple Watch y de inmediato me decía: “Dame un momento”.

Normalmente consideraría ese tipo de interrupciones como desagradables en una “cita” pero en esta ocasión eran la oportunidad perfecta para tomar mi celular y externar mi desespero a mis amigos más cercanos. Uno de ellos me preguntó si deseaba que me llamara para fingir una emergencia pero me negué rotundamente porque 1. No me gusta mentir y 2. Estaba seguro que esta interacción sería una buena historia. And I love stories.

Después de un par de minutos viendo cómo su boca se movía sin necesariamente poner atención a lo que decía, el hombre dijo algo que era bastante obvio: “Bueno, creo que ya te aburrí. Cuéntame de ti”. Sin embargo, a estas alturas me quedaba claro que no teníamos absolutamente nada común en nuestra forma de ser y que no tendría caso compartir alguna de mis experiencias o intentar tener una plática dinámica. Aún así, empecé a hablar y a decir pendejadas como normalmente lo hago.

 A la primera oportunidad que tenía, el hombre me interrumpía para cambiar el tema y regresar a hablar de su fructífero negocio por minutos que parecían horas y mencionar los diversos próximos viajes a emprender para cerrar el ciclo con otro “Se me hace que ya te aburrí. ¿Y tú qué onda?”. En ese momento, la única relación afectiva importante era entre el alcohol y yo. 

Después de varias interrupciones originadas por notificaciones de su Apple Watch y algunos dame-un-momentos, esta persona seguía hablando y hablando de sí mismo y de cómo él creía que era una gran persona con mucho que ofrecer. En mi mente solo circulaba la idea de que lo único que yo necesitaba que me ofreciera era un poco de silencio.

El peor momento de la noche no lo vi venir. Después de llamarle a Doña Mary frente a mi, este individuo me contó cada detalle de su llamada e incluso me compartió información personal no solicitada de la señora. Después dijo algo que me haría volver a la sobriedad de inmediato:

 “Pues así está el abarrote. ¿Cómo lavestruz?”

Morí un poco.

En ese momento, todas mis neuronas recibieron una notificación de una junta de emergencia en los headquarters de mi cerebro. “We have a situation”, le decía mi conciencia a todas ellas mientras corrían con prisa de un lado a otro y desataban esa ya tradicional cascada de pensamientos que todo overthinker tiene frecuentemente:

[ ¿Qué fue eso? No sé. No entiendo. ¡Fue una pregunta! WHO SAYS THAT? ¿Se espera que contestemos? ¿Cómo se contesta algo así? Para empezar, ¿qué vergas significa que así está el abarrote? ¿Alguien tienen la lista del súper más reciente? ¡Calma! ¡Calma! ¿Cuál es el plan de acción? Tómale al vaso y hazlo rápido. NO. ¡ALERTA! ¡El vaso está vacío! Chingadamadre. Les dije que pidiéramos otra cerveza. ¡Cállate neurona alcóholica! ¡NEURÓLICA! Jiji ¡Basta! Se va a dar cuenta del silencio. ¡Ve al baño rápido! Mientras formularemos un plan. ]

– “Oye, déjame voy al baño. Ahí vengo”.

Por momentos pensaba en cómo huir sin decir nada mientras contemplaba todos y cada uno de los detalles del sanitario del lugar al tiempo que trataba de soltar algún chorrillo de orina porque evidentemente no era momento de hacer pipí. Por fortuna, esta situación ayudó a que se mantuviera el orden en la junta de emergencia cerebral y mi conciencia exponía diversas posibles estrategias de salida.

[ What if you don’t ever come back to the table? No puedo hacer eso. ¿Irme sin pagar? ¿Qué clase de persona crees que soy? A desperate one? But OK. What about a fire? ¿Cómo? ¿Crear un incendio? Or pretend there’s one. No voy a hacer eso. Ok, I’m trying to help here. No. Está bien. Ya solo voy a regresar y continuar la plática. No es como que tengo que contestar el tema del avestruz una vez que regrese del baño. La crisis terminó. Voy a regresar. ]

Caminé de regreso a la mesa y continuamos la plática. O mejor dicho, su plática. Después de unos cuantos minutos de monólogo emprendedor mientras controlaba mi ansiedad con palomitas de maíz, sucedió lo impensable:

– “Y pues bueno, así está el abarrote. ¿Cómo lavestruz?”

[ That fire doesn’t sound that bad now, huh?]

Mi conciencia es experta en trollearme pero así es nuestra relación. Por suerte, en la junta de emergencia mental se había acordado un plan B que yo desconocía. Al momento de este segundo intento de obtener una respuesta al misterioso tema del avestruz, un gran bostezo natural emanó de mi y el chico hizo la pregunta más elocuente de la noche: – “Ya te estás durmiendo. ¿Pedimos la cuenta?” – Mi respuesta fue un eufórico “sí”.

Pagamos lo consumido, obviamente rechacé su ofrecimiento de ride a mi casa y decidí caminar. En la oscuridad de la noche, después de un poco del deseado silencio, mi conciencia se permitió decir algo:

[ So, you chose to say ‘yes’ to basically everything, right? How’s that working out for you? Shh! Silencio. No quiero hablar.]

Y pues así está el abarrote, amigos. ¿Cómo lavestruz?