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El VIH nos rodea

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El título parece alarmante, pero no es la intención. Simplemente lo escogí porque es una verdad muy fuerte que debemos conocer, aceptar y considerar a la hora de entrar en el vasto mundo de la sexualidad. El tomar buenas decisiones es crucial, sin importar la práctica sexual que decidas disfrutar.

La ignorancia, la indiferencia y la clara irresponsabilidad han hecho que la proliferación de éste horrible virus aumente de forma exponencial. Por más información que hay al respecto, muchas personas parecen no saber nada, o simplemente fingen demencia. Al hacerlo, arriesgan su vida y salud y la de las personas que los rodean. Al parecer, las conductas autodestructivas dominan el buen sentido.

Como ejemplo de la ignorancia tengo uno que gana el oscar: muchos de ustedes saben que soy profesor. En la escuela me gusta ser el profe al que los alumnos pueden acercarse para que les aclare todas las dudas que no se atreven a preguntarle a otras personas como sus papás. En una ocasión me comentaron que un compañero mío, un docente les había afirmado que el virus del VIH no existía en realidad y que no debían preocuparse por él, ya que no existía una fotografía del virus. Cuando me dijeron, les pregunté el nombre del que hizo semejante afirmación, ya que tenía toda la intención de reportarlo a la dirección para que hablaran seriamente con él, pero los chicos sabían que lo iba a hacer, así que no me revelaron su nombre. Le expliqué al grupo abiertamente que el virus sí existe y que he visto personalmente morir a varios amigos por su causa, pidiéndoles que se cuidaran mucho. En la siguiente reunión académica mencioné el incidente, invitando a mis colegas a evitar ese tipo de comentarios hacia los educandos.

La indiferencia es, en mi opinión, el peor enemigo del hombre. Nos hace descuidarnos y meternos en situaciones que arriesgan nuestra vida. En el caso del sexo, el no usar el condón al tener relaciones sexuales es una invitación a tener problemas. Respeto el hecho de que decidan no usarlo, simplemente hay que ser conscientes de que en la actualidad hay que hervir a las personas antes de acostarse con ellas, ya que puede ser la única forma de desinfectarlos. Claro que hay personas que se cuidan mucho y te cuidarán a ti, pero las personas que en verdad se se respetan siempre van a utilizar protección, especialmente si no conocen el historial sexual de la persona con la que están.

En el caso de la irresponsabilidad, me he topado con casos donde las personas se han infectado del virus del VIH en su primera experiencia sexual. No estoy hablando de las personas que van a mi consultorio, ya que esos casos no los discutiría aquí, sino personas que he conocido y tratado como amigos.

Muchas personas consideran el VIH como un tema alejado que no les va a afectar. Falso. Esta alrededor de nosotros el peligro y si somos irresponsables, podemos salir afectados. Lamentablemente, el estigma de estar infectado aún existe. Me ha tocado escucharlos directamente de las bocas de personas con las que platico. Las personas infectadas no merecen ser rechazadas por nosotros. Yo tengo amigos seropositivos y me ha tocado ver el rechazo que experimentan, primero por sus propias ideas y luego por las personas que los rodean. Es algo triste ver que la ignorancia prevalece en nuestra sociedad, lo único que puedo hacer es enseñarles a las personas que pasan por mis aulas a atacar sus prejuicios y mantener una mente abierta.

Hasta que te toca ver a los ojos de una persona muriendo de SIDA y las dificultades y dolores que pasan mientras la vida se les escapa del cuerpo, no sabes lo horrible es la experiencia. La impotencia que sientes al estar esperando a que llegue la hora de la visita para ver a tu amigo o amiga en una cama conectados a infinidad de tubos y tener que sonreír cuando te miran para que no vean lo asustado que estas y no aumentar sus propios miedos. Tener que asegurarles que todo va a estar bien cuando ni siquiera lo sabes tú mismo. Las oraciones y negociaciones que tratas de hacer con tal de que todo mejore. La carrera contra el tiempo y la horrible espera de lo inevitable. Hasta entonces sabrás lo real que es el peligro.

Así  que cuídense mucho, hermanos, hermanas. Quiéranse y respétense, ya que la vida es maravillosa y el estar asustado en estos tiempos no se vale. Mejor practiquemos el sexo seguro y disfrutemos todas nuestras experiencias de manera plena, positiva y saludable.

Si vamos a jugar a ser adultos, juguemos como adultos…

Saludos afectuosos.

Mostro.

La cultura de esperarse al último momento

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La cultura mexicana es intrigante. Está llena de colores, sabores e ideas de todo tipo. Somos trabajadores, amorosos, apasionados, sensibles y agresivos cuando nos sentimos atacados. Sin embargo hay algo en nuestra cultura que devalúa considerablemente nuestro gran valor como parte de la humanidad: la cultura de esperarse al último momento para hacer las cosas.

Claro, no todos estamos afectados con semejante dolencia. Como psicólogo, debo reconocer, para mi eterno agradecimiento que cada persona es un individuo y tenemos ideas diferentes, sin embargo, en una gran mayoría de los casos me he topado con éste mal. Hay una tarea que hacer, nos esperamos, nos esperamos y cuando tenemos el tiempo encima, nos ponemos de malas y nos estresamos haciendo las cosas apurados y renegando por que se te acaba el tiempo. Luego sigue la inevitable promesa que para la otra vas a organizar mejor tu tiempo. Sobra decir que cuando la siguiente vez llega, la situación se repite.

Al parecer ésta tendencia masoquista es algo común en nuestro país. Nos gusta hasta cierta manera dejar las cosas al final. Y luego, cuando apenas logramos salir del embrollo que nosotros mismos nos causamos nos sentimos orgullosos y celebramos lo maravillosamente buenos que somos para resolver los problemas que no hubiéramos tenido si hubiéramos empezado antes. ¡Qué curioso!

Tengo un amigo que hace todo lo relacionado a fiestas, desde manteles e invitaciones hasta los famosos vals. Cada semana tiene un evento nuevo, ya que al parecer es muy bueno para lo que hace, el punto es que si le llamo el lunes me cuenta lo emocionado que está por un nuevo trabajo que tiene, me describe lo que le encargaron y todas las ideas que tiene planeadas, que será para dentro de tres semanas. Todo bien. Resulta que le marco el viernes para saludarlo me contesta enojado y diciéndome que anda apuradísimo haciendo los manteles o las invitaciones que le encargaron desde hace un mes y que ya le habían pagado. Sobra decir que acaba de comprar la tela y aún le faltan las invitaciones. Cuando le pregunto por qué no lo hizo antes me da como respuesta el clásico “no sé”. Hasta me ha comentado que se enoja cuando los clientes quieren ver el trabajo que aún no ha hecho.

Aunque debo admitir que no soy inocente. Transportándome a la universidad no puedo evitar recordar esas materias que odiaba, donde me la pasaba escribiendo cosas nada relacionadas con la clase, y al finalizar el semestre las noches se hacían cortas de horas para terminar los trabajos y presentaciones finales. Al pasar la materia me sentía el hombre más fregón de la historia de la universidad porque superé los múltiples obstáculos que se me presentaron y salí victorioso. Claro que las ojeras y mi mal humor los pude haber evitado, pero eso era irrelevante entonces.

Ahora, como educador, me toca ver lo mismo con mis alumnos. Con el sistema en el que trabajo los chicos pueden esperar hasta el último día del semestre, presentar los trabajos y tienen derecho a pasar, todo sin haber cursado el semestre de forma regular, ni siquiera se requiere asistir a clases. Entonces, cuando los educandos aprenden éste dato en su primer semestre, aprovechan para pasar de la misma manera todo el resto de su bachillerato. Ésta semana, la última del semestre, conocí a la mayoría de mis alumnos, todos con una cara de preocupación porque los profesores de las nueve materias que no han pasado son muy malos y no los atienden al momento que se presentaron a entregar los trabajos. Incluso el jueves a las 7:00 pm me topé con dos chicas que no conocía, con un promedio de cero que llegaron a preguntarme qué necesitaban entregar para pasar. Yo salía a las 6:00 pm.

Lo más curioso es que cuando les dije a las dos adolescentes que yo ya había salido y que habían reprobado el semestre porque no se habían presentado en todo el semestre hasta el último día a la última hora para presentar los trabajos, se enojaron tanto que hasta se metieron a la oficina de mi jefe para quejarse de que yo me negaba a evaluarlas y que ellas se habían presentado con toda la intención de acreditar la materia. Mi jefe me habló a la oficina, me expuso el problema, les sonrió amablemente a las chicas y me pidió de favor que les explicara a ellas por qué se iban a quedar reprobadas en la materia, después les dijo que ya se había terminado el semestre y que ya no había tiempo para revisar los trabajos, corregirlos, capturar las calificaciones y subirlas al sistema porque la escuela cerraba en menos de una hora para empezar el periodo vacacional. Las chicas salieron indignadísimas.

Como persona, debo comentar que he descubierto las maravillas de ser flojo. Ahora trato de hacer el trabajo por adelantado para tirar flojera el resto del tiempo. Lo adoro. Resulta que hasta éstos escritos los hago en números de repente, me veo escribiendo hasta cuatro al mismo tiempo como en éste momento. Así siempre tengo mi reserva para cuando esos momentos de bloqueo de escritor me atacan. De esa forma no me vuelvo loco, porque cuando no hago las cosas, no disfruto mi tiempo libre porque sólo estoy pensando en lo que tengo que hacer hasta que me pongo a hacerlo.

Entonces, hermanos, hermanas, seamos flojos juntos y no nos esperemos hasta el último momento para hacer las cosas, les aseguro que siempre encontraremos cosas más divertidas para hacer con el tiempo que nos sobra.

Saludos afectuosos.

Mostro.

¿Autoestima o ceguera?

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A veces caminando por las calles de mi ciudad me he topado con personas que definitivamente no tienen en su vida un amigo o un espejo, porque uno de los dos les hubiera dicho la verdad. Sé que suena cruel y que parece que estoy de odioso con las personas, simplemente me doy cuenta que a veces la gente piensa mucho de sí misma. Seguir leyendo ¿Autoestima o ceguera?

¿Por qué nos mentimos a nosotros mismos?

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El ser honesto cuesta trabajo, especialmente cuando te encuentras en una situación donde necesitas o crees que es necesario mentir para poder sobrevivir. El ser humano se adapta por naturaleza gracias al instinto de supervivencia, incluso se adapta a las situaciones más extremas; sin embargo, en ocasiones nos atrapamos nosotros mismos en nuestras propias redes deshonestas y nos perdemos en el camino. Seguir leyendo ¿Por qué nos mentimos a nosotros mismos?

Las maravillas de tener una pareja inútil

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Tener novio es una experiencia única, definitivamente con altas y bajas. Dejas de sentirte solo y frustrado para sentirte enamorado y frustrado. Maravilloso, ¿no creen? Es cambiar un juego de complicaciones por otro. Requiere paciencia, sacrificio, tolerancia, honestidad y sobre todo el querer formar parte de algo y estar consciente de que las decisiones afectan a dos personas, no solamente a una, es dar cuentas de dónde andas y con quién, avisar cuando llegas para que sepan que estés bien, presentarle a todos tus amigos para ver cómo se llevan y rogando internamente que se quieran todos.

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¿Tener o no tener hijos?

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Soy gay, ¡gran secreto!, y no puedo tener hijos. Al menos, no de manera convencional. Para ello necesito una matriz sana y en edad reproductiva para que mi semilla pueda crecer y convertirse en un ser humano. Mi pareja y yo no podemos concebir, aunque debo admitir que nos divertimos mucho intentándolo. Claro, existen diferentes maneras de tener hijos, ya sea una mujer que nos preste su cuerpo para gestar, la adopción, entre otros.

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Si pudiera: diálogo conmigo mismo

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Cuando reflexionamos sobre el tiempo en el que vivimos, no nos cuesta trabajo ver hacia otros tiempos y sentir una ligera punzada de nostalgia. En inglés hay una expresión apropiada: el pasto siempre parece más verde del otro lado. Esto significa que todo parece mejor en otros tiempos o lugares, o sea, que en realidad no apreciamos lo que tenemos en el presente. Seguir leyendo Si pudiera: diálogo conmigo mismo