Mis etiquetas

 Mostro Vacci

Al parecer la gente tiene problemas existenciales cuando se trata de las etiquetas, quizá algunos se sienten como camisetas cuando se trata de usarlas. No todos sentimos la necesidad de escoger una para que nos identifique, sin embargo, hay aquellos que se sienten cómodos utilizándolas para darle sentido a las cosas.

Cierto, la sociedad tiende a usarlas para apuntarnos el dedo y juzgarnos. Nos llaman, pervertidos, anormales, abominaciones, pecadores y aberraciones de la naturaleza. Sobre todo las personas religiosas y “creyentes”, adoradores de un dios cruel y vengativo. Sin embargo, como  todo, creo que es un arma de doble filo.

Por ejemplo, el ser humano, cuando se topa con un estímulo* nuevo (*cambio en el medio ambiente), utiliza los archivos de su esquema cognoscitivo (lo que ya conoce) para hacer una comparación. Si uo quiere describir a una mujer, puede decir que tiene el cuerpo de Demi Moore y la cara de Lynn May para darle una idea a la otra persona de cómo es la mujer que está describiendo, con esas características, se puede hacer una imagen mental de lo que se está describiendo.

Partiendo desde éste punto, quizá se nos haga más fácil entender el porqué a veces las etiquetas nos ayudan a entender un poco mejor las cosas. Como seres humanos, a veces necesitamos darle un nombre a las cosas para que nuestros esquemas cognoscitivos puedan empezar a trabajar y logren tener un punto de comparación. Muchas personas no las utilizan como algo ofensivo, simplemente es la forma que su cerebro utiliza para poder comprender algo mejor.

En mi caso, el hecho de que me etiqueten no me molesta, personalmente el organizar las cosas en categorías me ayuda a darle orden al caos que es mi mente para poder asimilar conocimientos nuevos. No quiere decir que limito las posibilidades de la gente, ni que las encuadro en secciones limitadas, sólo quiere decir que utilizo ese orden para encontrarlos más fácilmente.

En mi persona, utilizo las etiquetas orgullosamente, me encanta poder tener una identidad definida. Soy gay, simple y sencillamente, no me siento limitado por ellas. Me siento integrado, perteneciente a una comunidad hermosa y complicada en la que trabajo día a día por hacer mejor y más poderosa. El identificarme como homosexual no me obstruye ni me detiene de ninguna manera, tampoco me hace sentir estereotipado de ninguna manera. Cierto, la sociedad me considera de ciertas características, pero es no quiere decir que sea verdad. Como dice Rupaul “Lo que la gente píense de mí no es asunto mío”.

Se me hace chistoso como la gente, sobre todo las generaciones jóvenes se ofenden tanto cuando me escuchan hablar, honestamente eso de ser políticamente correcto no es lo mío, para nada. Me gusta llamar las cosas por su nombre y decir las cosas como son. No quiere decir que voy por el mundo faltándole al respeto a la gente ni mucho menos, pero eso de usar eufemismos para que la gente sensible no se desbarate la verdad no se me da.

Una cosa es ser directo y otra cosa es ser un patán. Por eso, cuando me quieren sermonear de que no debería decir esto o lo otro para no ofender, no puedo evitar poner los ojos en blanco en muestra de mi eterno y perpetuo aburrimiento por semejante conversación. A veces ni siquiera me permiten usar la palabra joto para hablar de mí mismo, que porque me ofende, ¿en serio? ¿ni siquiera puedo tener un sentido del humor hacia mí mismo sin ofender a otros? ¡Sálvame Santa Gaga!

“El caso es joder” diría sabiamente mi madre. Para muchas personas no es suficiente vivir con su serie de reglas, no. Es necesario imponérselas a los demás para poder vivir a gusto. Es como esas personas fanáticas religiosas que a fuerzas te quieren meter en sus creencias y aparte tienen el descaro de decirte que estás mal. Claro, ellos tienen la razón y yo debo ajustarme a lo que ellos creen porque así debe de ser. Mhm.

Me encanta la gente que me dice que no debería ser tan rudo al hablar, que debería considerar a otras personas a la hora de decir las cosas. Si estoy teniendo una conversación privada con alguien y te vienes a meter a mi plática sin que te inviten y sólo para dar tu opinión cuadrada y retrógrada, por favor, evítame la pena de mandarte a la fregada. Muchas veces estamos hablando de broma o sólo vacilando entre nosotros y ahí vienes tú con tu narizota metiéndote donde nadie te llama, ¿acaso no tienes nada mejor qué hacer?

También hay gente que odia las etiquetas, eso lo respeto tanto como la gente que las ama. Si tú no te sientes cómodo con limitarte a un nombre, no hay problema, pero a mí déjame en paz. A mí me encanta identificarme como gay y adoptar todas sus características, pero nótese que no adopto sus estereotipos. Asumo lo positivo y lo fabuloso de mi ser, pero me rehúso a tomar lo negativo, los prejuicios los dejo para la gente cerrada de mente.

Por eso, cuando alguien me dice que prefiere no ponerse etiquetas, a mí me parece bien. Para mí es señal de identidad y pertenencia, no algo restrictivo. Yo sólo pregunto para disminuir mi ignorancia, siempre he dicho “prefiero verme ignorante que quedarme ignorante”. Ya si otros confunden mi interés de conocimiento por ser mal educado, pues como dice el maricón “¡Ahí tú!”

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué piensan? Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com


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