La salida del clóset

  Mostro Vacci

Momento de la verdad. Honestamente he evitado esta historia porque he considerado que quizá sea dolorosa para algunas personas. En algunos casos, no me podría importar menos si hiero sus patéticas e hipócritas sensibilidades, pero en otros casos, sí me cala un poco causarles dolor. Lamentablemente esto es más importante que esas pocas personas o yo mismo. Esto puede ayudar a otros. Eso es lo más importante. Un poco de dolor no mató a nadie.

Hace unos días estaba viendo un video en respuesta a un chico de 14 años que se suicidó por ser gay. Resulta que la familia, como en muchos casos, no aceptaba su orientación sexual y argumentaba que estaba confundido, entre otras respuestas estereotípicas que hemos escuchado muchas veces ya. Cada vez que escucho que uno de mis hermanos se quita la vida me causa mucho dolor en el alma, no solo por el hecho de que perdimos a uno de nosotros, sino porque me hace recordar esas sensaciones y esos momentos oscuros en mi propia historia.

Hoy en día veo que mis chicos son mucho más valientes, enfrentan las situaciones que la vida les arroja con un valor que quisiera haber tenido a su edad. Salen del clóset y enfrentan a sus padres, a veces sufriendo las consecuencias o el desprecio, y en algunas ocasiones, la aceptación de los mismos. Cada caso es muy diferente, me ha tocado escuchar historias de horror que me han hecho llorar mucho, así como historias inspiradoras que me dejan con la pregunta de qué hubiera sido si yo hubiera tenido ese apoyo.

Recuerdo la sensación de terror que me invadía en mi juventud cuando la idea de ser gay ya no pudo ser pospuesta. El miedo a lo que dirían de mí, lo que mi familia pensaría y haría me hacía mantenerme despierto en las noches rogando poder ser diferente, poder ser normal. Las horas preguntándome qué había malo dentro de mí que tenía que cambiar para no ser una vergüenza para mi familia. El temor a hablar con mis papás y ser rechazado o corrido de mi casa. No tenía nada, no podía confiar en nadie. El mundo era un lugar tenebroso y había que andar con cuidado.

Incluso hasta tuve novias, quería desesperadamente encontrar una parte de mí que quisiera estar con mujeres para poder llevar una vida normal pero eso fue hacerme tonto solo. Yo sabía quién era a los siete años, ¿qué caso tenía hacer dos o tres hijos si al final de cuentas mi naturaleza iba a ser la misma, me iba a morir reprimido y con hijos a los que afectaran mis decisiones? No creo.

Recuerdo que una noche, mientras mi mamá se metía a su cuarto, algo hizo click en mí y me dijo que era el momento adecuado. Me levanté de mi cama y tuve la “plática” con mi mamá. No fue bonito. Hasta me hizo las preguntas clásicas: que si me vestía de mujer y que si había internado estar con una mujer. La comprendo hasta cierto punto, era algo nuevo para ella, y peor, en su propia casa. Lloró mucho y hasta me dijo que había fracasado como madre. Auch. Ha sido la experiencia más horrible que he tenido, pensar que me iban a apoyar y haberme equivocado tan garrafalmente. Mi madre no es una persona mala ni mucho menos, tiene sus ideas como todos, pero honestamente pensaba que de todas las personas en el universo, ella me iba a entender. Al final, como nota positiva, después de irme a llorar derrotado a mi cuarto, se acercó, me abrazó y me dijo que sólo quiere que sea feliz. No pude evitar llorar más fuerte que nunca. No fue una noche agradable, pero al menos ya era libre.

Con mi papá fue otra danza. Un día llegue a su casa y estaba solo. Le llamo la “plática” porque parece un discurso: quiero que sepas quién soy, no quiero que lo vayas a escuchar de otra persona, bla bla bla, y suerto las palabras mágicas “soy gay”… pausa… se levanta mi papá y me pide que me levante, es cuando estoy esperando un golpe y que me abraza y me dice que está orgulloso de mí por decírselo en la cara y que él ya sabía, que no estaba de acuerdo pero que me respetaba mucho porque soy el hijo que él siempre quiso tener, ¡Pum! Mis defensas y los calzones se me fueron al piso, lloré de nuevo por sentirme liberado y por que honestamente no esperaba esa respuesta de mi papá, esperaba algo machista y retrógrado. Justo lo opuesto de lo que obtuve. Cualquier error que pudo haber cometido mi padre en el pasado quedó borrado de la lista, se hizo el hombre más amado de mi existencia.

En el caso de mis hermanas, es irrelevante, en su momento su opinión era la más importante, hasta el punto de hacer muchas cosas por impresionarlas y que se sintieran orgullosas de mí. Al final con sus acciones pasaron al noveno plano y ya me vale si me aceptan o no. Recuerdo que una vez que mi hermana tenía un novio particularmente alto me dijo que si un día yo le decía que soy gay que iba a mandar a su novio y tres de sus amigos a que me dieran una golpiza. Tenía 14 años, ¿qué ganas me iban a dar de salir del clóset así?

Antes de salir del clóset y ser yo mismo sólo quería morir, sabía que no podía cambiar y que estaba defraudando a los que más me querían. Incluso una vez que salí con un chico, la primera vez de hecho, no pude evitar pensar en una tía, que cuando se diera cuenta de lo que soy que iba a estar decepcionada de mí. Nunca consideré seriamente hacerme daño, pero el vacío que sentía dentro de mí era aplastante. La soledad era cada vez más profunda y la inhabilidad que tenía de expresar lo que sentía por miedo a ser rechazado estaban haciendo que mi alma cayera en el vacío y se perdiera. Quería hundirme en la nada y ser parte del olvido, dejar de respirar y quizá así el dolor que traía dentro desaparecería. Mi más grande fracaso como ser humano en ese tiempo era que aparte de raro y difícil de tratar, aparte era joto.

Por eso comprendo a éstos chicos que se andan suicidando, muchos les dicen cobardes, pero sólo uno sabe lo que carga consigo. El hecho de que alguien se quite la vida, joven o no por sentirse rechazado es algo que me mata, nadie merece sentirse de esa forma por ser diferente, ¿Por qué debo darle explicaciones a la gente de lo que soy y lo que no soy? Solo por el hecho de que piensen que soy un pedófilo por el hecho de ser gay no quiere decir que lo sea. Nadie tiene el derecho de cuestionar nuestra orientación sexual, nuestros gustos ni preferencias, si al final de cuentas no me gusta el melón es muy mi pedo, ¿qué fregados le importa a los demás?

Hermanos, hermanas, honestamente tengo años pensando en escribir éste artículo, sin embargo no me había atrevido por miedo a lo que fuera a causar. Pero eso de estarnos matando porque otros no nos toleren es completa y perpetuamente inaceptable. Deberíamos de perdida darnos apoyo entre nosotros mismos, qué más quisiera abrazar a mis hermanos y hermanas y decirles que van a estar bien, que todo el dolor va a pasar, que si nosotros mismos nos amamos, el mundo que nos rodea también lo hará, y si no, no importa. Que la vida sigue y que hay esperanzas para el futuro, que no se rindan. Quizá ni les diga nada, quizá sólo los abrace y los escuche, sus miedos, sus historias y su percepción de la vida.

Cuando yo estaba en la adolescencia, busqué alrededor a alguien como yo, alguien que me dijera que algún día iba a ser feliz y que lo que me estaba matando pasaría. Que iba a ser un hombre de 35 años libre y feliz, que la oscuridad en la que me estaba ahogando iba a ser mi mejor aliada y que gracias a mis trabajos y mis escritos iba a poder ayudar a otros. Lamentablemente no lo encontré. Estaba solo y tuve que descubrir esas cosas por mi cuenta. Nadie me dio un abrazo, nadie me regaló una sonrisa. Solo era yo.

Por eso mismo me rehúso a dejar que uno de mis chicos viva lo mismo, en la escuela yo veo esas miradas perdidas y les doy las palabras de aliento. Doy mucho amor y apoyo para que sepan que a pesar de todo, no están solos. Me tienen a mí. Es mucho más de lo que yo un día tuve.

Ayúdenme, por favor, repartan amor, repartan compasión y empatía, no dejemos que el amargo veneno de nuestros resentimientos nos limiten de ayudarnos los unos a los otros, no dejemos que ni uno más de nosotros se vaya por sentirse solo y abandonado. Ayúdenme, hermanos, hermanas, se los ruego…

Sólo entre nosotros conocemos las guerras que sobrevivimos, esa es la palabra clave: sobrevivir.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué piensan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com


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