Carta a un idiota

Mostro Vacci

Querido idiota:

¿Cómo has estado? Supongo que bien, ya que no me has contactado para pedirme favores ni para contarme tus penas. Hace tiempo que sé que soy una buena pared para platicarle tus cosas, ya que sabes que no te juzgo ni que divulgo tus secretos como tantos otros lo hacen.

Quiero aprovechar este tiempo de calma para agradecerte unas cosas, hace rato que quiero hacerlo pero no había tenido oportunidad. Mereces muchas menciones honoríficas en mi vida, definitivamente, muchas más de las que tú imaginas.

Quisiera darte las gracias por hacerme menos y subestimarme, por creer que soy un  estúpido que se creé tus constantes mentiras y falsedades, tus promesas de apoyarme cuando te necesite, comprendo ahora perfectamente que al momento de buscarte cuando no me necesites serás más invisible que un fantasma exorcizado. Definitivamente la forma en que me tratas cambia cuando el grado en el que te soy útil va cambiando. Entre menos necesites algo, menos se nota tu presencia en mi vida. Gracias a que me consideras menos inteligente que tú logré hacer que mis neuronas se hicieran grandes y poderosas y pude aprender a resolver mis propios problemas, cosa que al parecer tú nunca desarrollaste la capacidad de hacer.

Agradezco que me hayas recordado que soy feo y desagradable. Eso ayudó mucho con deshacer mi autoestima y hacer que el hombre del espejo fuera monstruoso, me hizo ver que la persona reflejada nunca podría ser amada, ya que estaba tan podrido por fuera como lo estaba por dentro. Me hizo querer alejarme de la humanidad, recluirme en una cueva donde nadie me viera para no asustarlos.  En esa soledad me topé con mi peor enemigo y mi mejor amigo: Mostro.

Gracias por decirme que no leyera ciertos libros o que no tomara ciertas decisiones, ya que según tú no tenía la capacidad de comprender los mensajes que éstos contenían, mi pequeña mente humana no era suficiente como para hacer un análisis básico y decidir lo que debía pensar por sí mismo. No. Era necesario que tú me guiaras hacia el camino correcto hacia la mediocridad, porque esa es la única forma en que tú te sientes superior a mí. Curiosamente esta estúpida inseguridad tuya ahora comprendo que habla más de ti que de mí. Yo confiaba en ti y tus palabras eran de suma importancia para mí.

Gracias por tomar mi confianza, escuchar mis historias y mis miedos y utilizarlos en mi contra, esa fue una estrategia audaz, debo admitirlo. Tienes mi completa admiración en ese sentido, me la creí. Pensé, por un momento, que te interesaba mi bienestar. Ese fue mi error, mi locura momentánea, no es algo que vuelva a suceder. Por eso te mantengo tan cerca sin que sepas que lo hago para siempre recordarme lo cerca que estuve del peligro. Casi ganas. Casi…

Gracias por ser mi completa voz de desaprobación, por ser la grabación de mi mente que siempre me dice que no soy suficientemente bueno, que no valgo, que doy asco. Esa grabación la escucho en las noches cuando estoy solo en la oscuridad. Es la que no deja de recordarme que no valgo, que no sirvo, que no merezco más que tu desprecio, es la que me hace recordar esa mirada de asco que tus ojos reflejan cuando se trata de mí. Y pensar que muchas de las cosas que he sobrecompensado en mi vida han sido un patético intento de buscar tu aprobación. Sólo quería que me quisieras.

Gracias por haberme hecho amarte tan intensamente con las migajas que me dabas. Aprovechaste que me sentía completamente solo para llenar tu copa de halagos y servicios, veo que necesitabas mucha validación y que alguien se arrastrara por ti. Gracias por llamarme para salir, sabiendo que me moría por ti y presentándome a tu novio, para confirmar que yo estaba a tus órdenes. Gracias por hacerme sentir ese golpe en el estómago al momento de conocer al chico que estaba compartiendo tu cama mientras yo no lograba sacarte de mi mente.

Gratze por llamarme cuando necesitabas que te llevara en mi carro a cualquier parte o que me usaras para transportar los regalos y tus cosas de un lugar a otro, definitivamente compré mi carro para el servicio de otros. Me encanta que me recordabas cuáles son mis obligaciones y que te debo mucho porque me regalaste un libro.

Gracias por recordarme que por ti empecé a escribir, ¿en realidad eres tan idiota que crees que tú tienes algo que ver? No escribo por ti, lo hago a pesar de ti. Ahora que la gente conoce mis letras quieres tomar el crédito, ¡ja!

Gracias por decirme que soy aburrido y que estoy podrido por dentro, tuve la fortuna de ver que una vez que me perdiste descubriste lo que decidiste perder, de tu propia boca supe que al fin lograste valorar lo que te di. Lo que más me da gusto es saber que nunca más lo encontrarás en otra persona, al menos no como lo tuviste conmigo, es la recompensa que mereces por haberme incluido en tu chiste más cruel: haberme hecho amarte.

Sobre todo, agradezco en gran manera que siendo hombre o mujer en mi vida buscaste la forma de hundirme. Quizá es la forma en que tú no te ahogas en el eterno pozo de tu propia frustración. El veneno de tu corazón destruye, corroe y mata, pero a mí no. Me hiciste más fuerte. Me quemaste las alas, pero me salieron unas más poderosas, indestructibles, y sobre todo, inmunes a ti.

Gracias a ti, lo duro del mundo no me llega, en mi soledad encontré la paz, en la oscuridad encontré mi esencia, y mi esencia es bella y noble. No soy perfecto, pero soy buena persona. Entre tanta negatividad descubrí mi valor y lo poderoso que puedo ser, el alcance de mis palabras. Me di cuenta que ayudando a otros, mi existencia tiene sentido. Supe que mi conocimiento me hace valioso y que el propósito de mi vida es dejar el mundo un poco mejor de lo que estaba cuando llegué. Es plantar cosas bellas para que el vasto bosque que deje cuando muera crezca y sobreviva. Decidí que plantando las semillas con amor y positividad puedo cambiar al mundo, una persona a la vez, una plática a la vez, un escrito a la vez.

Ahora vivo, sobrevivo, amo, respiro, vuelo. Con tantos intentos de destruirme, lo único que lograste es hacerme más fuerte. Me perdí, me hundí, pero resurgí, y ahora, nada me puede detener. Soy Mostro, escúchame rugir…

Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com


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