¿Me das permiso?…

Mostro Vacci

La gente desconsiderada me marea. Nunca falta esa persona que le vale completamente lo que la demás gente haga o piense. En realidad hay individuos que no pueden pensar más allá de sus deseos y necesidades y les pasa por alto la posibilidad de compartir el mundo con otras personas.

Por ejemplo, hay una señora que todos los días se sube al mismo transporte que yo. Trae una bolsa gigante con la que se la pasa golpeando a la gente, cosa que hace sin siquiera pedir una disculpa, empuja a otras personas para darse paso, e incluso una vez, me dejó caer su mega bolsa gigantesca en las piernas, lastimando mis rodillas para ella tener más espacio e ir más cómoda. Lo siento por la pobre bolsa que salió volando. Lo chistoso de ésta mujer es que todos los días hace lo mismo, incluso cuando el transporte se desborda de gente, ella se da vueltas para acomodarse mejor, siempre molestando a las demás personas que sólo están tratando de no estorbarle a otros en su incómodo viaje al trabajo. Es una persona muy desagradable.

Hoy, incluso, me topé con un carro estacionado frente a la casa de mi mamá, tan pegado al cerco que batallé para entrar. El descaro de la persona me dejó atónito. Aparte de que no se debe estacionar ahí porque es entrada y salida de carros, bloquea la puerta. Pobrecita la mamá de la persona que era dueña del carro, le zumbaron los oídos un buen rato.

No es posible que los seres humanos seamos tan estúpidamente egocéntricos. Tomamos nuestro tiempo y nos importa un comino si estamos estorbando. Clásico carro estacionado a media calle mientras dos personas babosas platican, el trafical que hacen y los claxon sonando a todo volumen y frenesí parece no afectarles para nada. Y encima de todo, se molestan porque uno les dice que se muevan. Esquius mi señor dueño del universo.

Otro ejemplo que veo, más en mujeres que en hombres, que se las dan de muy prácticas, es que se bajan del transporte y ya abajo, con las puertas abiertas empiezan a hurgar sus bolsas por las monedas para pagar. Lo mismo hacen en el mercado, empiezan a buscar la cartera sepultada en un mundo de cosas que traen ya que les cobraron todo, ¿nunca consideran que hay otra gente esperando y que en verdad es muy desconsiderado lo que hacen?

No, claro, eso sería tener la capacidad de pensar en otra persona que no sean ellos. Implica que van a salirse de su universo privado y descubrir que tienen que compartir su espacio con otros seres humanos igual de desconsiderados que uno. Es como el clásico vecino pesado y baboso que sale a lavar su carro por novena vez en la semana y abre sus puertas para que su música suene a todo volumen, ya sea a las seis de la mañana o a las once de la noche, nos ha de creer bien agradecidos de que se digna a compartir que vive de tres animales con los plebeyos. Nunca junta las dos neuronas que tiene para pensar y descubrir que su escándalo molesta, que no a todos nos gusta escuchar la música a todo volumen ni mucho menos estarnos preocupando si nuestras ventanas vayan a sobrevivir ésta última sesión musical. No importa si mañana trabajo, tú pon tu música y me arrullo con ella, imbécil.

Es el tarado que va en el camión con las piernas abiertas de par en par, acaparando dos asientos porque sus grandes y gigantescos genitales necesitan respirar. El la tipa que va gritando en el celular para que todos se enteren que es una canija que no se va a dejar. Es la señora que se mete en tus conversaciones o va viendo lo que estás checando en el celular, ¿no puede abrir uno Grindr y pirujear a gusto sin que le chequen a uno hasta las amalgamas?

Debo admitir que siempre hago travesuras con ese tipo de gente. A las que me checan el celular les abro las fotos de penes y nalgas que me han mandado nada más para ver su reacción, y me muero de la risa cuando se ponen coloradas y empiezan a ver hacia arriba todas incómodas. Siempre encuentro una manera de molestar a la gente que molesta, si vas a ser un patán, no esperes que el mundo te reciba con los brazos abiertos, porque eso sí, tenemos que hacernos a un lado para que ésta bola de gente ensimismada pase por delante de nosotros sin obstáculo. Si viene una fulana con la cara metida en el celular y se estrella conmigo me dice que soy un baboso y que me fije. Es el colmo.

Es el par de doñas que caminan en zigzag, empezando por en medio de la banqueta y no te dejan pasar, claro, van con sus calmas industriales, pero se ofenden cuando las rebasas. Es la mujer que hace un escándalo en la calle con el novio para que todo el universo se entere de los problemas que tienen, sin importarte un comino si el resto de nosotros nos sentimos incómodos. Es el tipo que abre la ventana del carro y lanza la basura a la calle. Es la señora que trae a los hijos del mismísimo demonio y no se digna en controlarlos. Un niño llorando es algo, un retoño de Satanás que rompe todo, grita, molesta a la gente y hace berrinches a diestra y siniestra, señores, es otra cosa.

No es posible que seamos tan bajos como seres humanos, comprendo que nadie es perfecto y que todos tenemos nuestros días donde, al parecer, no damos una, pero definitivamente hay gente que se lleva el premio. Cada vez que veo éste tipo de situaciones me hace dudar un poco de la humanidad. A veces ni siquiera se quitan para dejar pasar a una persona con muletas, sólo lo ven como mensos mientras el pobre anda batallando para pasar, ¿en serio?

Como cultura, dicen que el que no tranza no avanza. Lo que me pregunto es ¿cómo podemos avanzar como sociedad y sobre todo, comunidad si ni siquiera podemos a veces empatizar con las personas que nos rodean. Es algo crítico. Cada quien ve sus propios intereses, pero si no nos ayudamos nosotros mismos para ser mejores personas, en realidad estamos perdidos.

Sonará como lista de quejas, mis adorados, pero no lo es, simplemente comparto las ideas que pasan por mi cabeza Mostrosa. Ya ustedes me ayudarán a ver las cosas desde otra perspectiva.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué piensan?

Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com


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