Tengo derecho a opinar

 Mostro Vacci

Me encantan las conversaciones humanas. Podemos hablar entre nosotros de temas tan interesantes como la cultura o los sueños, podemos comunicar emociones complejas hasta con el tono de nuestra voz. Definitivamente es una gran herramienta que los seres humanos hemos desarrollado a través de los siglos, el problema es que, como toda buena herramienta, es un arma de doble filo.

No hay nada más interesante que la interacción con otros seres humanos. Aprendo muchas cosas con cada conversación que tengo con alguien. Puedo ver un poco dentro de su alma con lo que sale de su boca. Me doy cuenta si es como dice que es o si es una persona falsa e intrigosa, si tiene cultura o si en su cabeza se oye un eco retumbante por su falta de neuronas.

Lo que se me hace interesante es cómo las personas a fuerzas siempre quieren forzarte a que creas lo que ellos creen. Siempre que una idea es diferente a lo que sus esquemas mentales ya tienen procesado y clasificado como algo aceptable, es necesario hacer que la otra persona los comprenda de esa manera, si no, están mal y hay que corregirlos. Es el equivalente de la inquisición.

Me pasa mucho con la gente religiosa. Los católicos me dicen que todos los demás están mal, que si no creo en la virgen y los santos estoy condenado al infierno. Los cristianos me dicen que todos los demás están mal, que si creo en los santos y las estatuas estoy condenado al infierno, los mormones dicen que si creo en otra doctrina que no es la verdadera iglesia, que estoy condenado al infierno y los testigos de Jehová tienen su juego de reglas que me condenan al infierno. En lo único que al parecer todos están de acuerdo es que por ser gay estoy condenado al infierno (insertar suspiro frustrado).

Y no sólo es con los religiosos. Al parecer todos los temas son sujetos a ajustes. La forma de vivir, a quién decido amar, cómo nombrar a mis hijos, en qué se usa el dinero, la ropa, la forma de hablar, la forma de caminar, la forma de amar, la limpieza de la casa, los productos que se usan para limpiar la casa, las creencias, los sueños, la voz, los colores que uno prefiere, todo.

Me encanta estar platicando con alguien y que, al descubrir que no estamos de acuerdo en algo, se esfuerce en gran manera para convencerme de que tiene la razón, ¿acaso en un pecado tener mis propios gustos e ideas? ¿En realidad es tan difícil respetar el hecho de que soy un individuo y que tengo pensamientos propios?

Como el otro día que estaba platicando con un compañero de trabajo sobre unas experiencias paranormales que estaba viviendo en mi departamento cuando entra una tipa y, entrando en una conversación totalmente ajena a ella empieza a comentar que ella no creé en esas pendejadas y que para ella, los que creen en eso son gente de mente débil. Luego termina su comentario con un “lo siento, yo soy muy directa” Metiche es más acercado a lo que la describe. Me encanta la gente que dice ser directa para ser una perra con sus comentarios como si fuera lo mismo. Puedes ser una persona directa sin ser grosero. No es lo mismo.

El caso es que siempre que me hacen eso definitivamente no puedo evitar reírme. Está bien, mis ideas están bien sentadas en el tipo de vida que yo llevo, pero no por eso debo convencer a otros de que piensen lo mismo que yo. Por lo tanto, no logro entender por qué la gente siente la necesidad de convencerme para que yo piense y haga lo que ellos sienten que es correcto. Para es caso hasta dejo de ser gay y tengo un montón de hijos.

Como cuando mi cuñado me dice que la versión que él lee de la biblia es la mejor. Al preguntarle quién dice eso su respuesta es: los que saben, ¿en serio? ¡WOW! Ya me convenció. Con esa simple explicación yo debo asumir que los que saben, saben, y por lo tanto debo escucharlos. Échale ganas. Y lo más chistoso. Cuando le dije que no era una respuesta satisfactoria me dijo que no me conocía porque antes no cuestionaba esas cosas. Claro que no me conoce si cree que nunca he cuestionado lo que no entiendo. Es mi naturaleza.

En otra ocasión, un compañero de trabajo me estaba platicando sobre sus ideas de un tema determinado, cuando me sale de repente con que los estudios muestran que tiene la razón. Lo que me dio risa es que cuando le pregunté cuáles eran los estudios en cuestión, resulta que dice que es lo que él creé, al parecer, decir que los estudios dicen es una forma de validar sus propias ideas. Eso es algo común que la gente hace, pero eso no hace un caso científico, ¿o sí?

Al final de cuentas tengo derecho a pensar lo que se me dé la gana, mis pensamientos y opiniones son muy mías. Se vale decir “yo creo”, pero no se vale asumir que porque yo creo algo que eso debe ser. Como dice Anna Leonowens “la mayoría de las personas no ven el mundo como es, lo ven como ellos son”, cuánta verdad hay en eso.

Lo único que podemos hacer es tratar de mantener la mente abierta y aprender lo más que se pueda.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com


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