Árbol de Decisión: Viviendo con Ansiedad

Cuando era niño tenía un sueño recurrente. Diversas veces he tratado de explicarlo pero era tan abstracto y borroso que nunca he logrado ponerlo en palabras. Puedo recordar aún elementos de ese sueño pero me es imposible armar todo el rompecabezas. Recuerdo estar agobiado en un rincón de algún lugar indefinido y sentir que necesitaba salir de ahí lo más pronto posible. ¿Por qué? No lo sé. Solo recuerdo que la sensación de ese momento era sumamente abrumadora.

Mayo 2012

– “¿Qué te trae por acá, Xaúl?” – Fue una de las primeras preguntas que me hizo el psiquiatra mientras cruzaba su pierna y se disponía a hacer lo que mejor hace. Escucharme.

 – “No puedo dejar de pensar” – Le contesté. – “Mis pensamientos son como un árbol, se ramifica demasiado y todo me causa estrés. Me estoy comiendo las uñas, me salen espinillas y me las pellizco todo el tiempo. Lo hago inconscientemente pero se vuelve evidente cuando veo las marcas en mi cara. Ya intenté todo pero nada funciona. Necesito ayuda y por eso vengo aquí”.

La serie de eventos que me llevaron a tomar asiento en ese consultorio fueron inesperadas. Tras ocho años de carrera profesional como ingeniero y en ascenso dentro de una gran empresa, la directora de Tecnología de Información de Norteamérica nos visitó desde Illinois para darnos una noticia importante: Todo el departamento de soporte sería liquidado en los próximos meses y transferido a una compañía de outsourcing de menor categoría.

 La noticia fue un shock absoluto pero no representó dificultad alguna. Mis días transcurrieron sin mayor problema hasta el día que mi padre me llamó por teléfono para avisarme que mi perro estaba muriendo. Dixon. El perro más tranquilo y amoroso que había tenido.

La muerte de Dixon fue dolorosa pero logré sobrellevarla hasta que, al cabo de unos días, experimenté sentimientos desconocidos cuya naturaleza entendería tiempo después: Mi primer ataque de pánico1

Las enciclopedias médicas y los institutos de la salud mental describen algunos síntomas que se presentan durante un ataque de pánico: Sensación de asfixia, náuseas y malestar estomacal, sensación de dificultad para respirar o sofocación, etcétera, pero ninguna definición le hace justicia a la experiencia. Mi primer ataque de ansiedad fue un infierno.

Alrededor de las 3 de la tarde, empezó la profunda sensación de encierro a pesar de estar en un área laboral amplia y propiamente climatizada, seguida de una necesidad absoluta de salir corriendo sin rumbo, el sentimiento de estar presente y a la vez ausente, las ganas inmesurables de gritar y de llorar sin motivo aparente. En resumen, en mi percepción, me estaba volviendo loco. Tras una alterada plática con una gran amiga, concluí algo que se convertiría en mi misión en los próximos años: “No quiero esta vida para mi. Tengo que hacer algo”.

Los días subsecuentes fueron difíciles porque nunca pude estar tranquilo. Me comía las uñas hasta llegar al borde de la piel, me quitaba todos los vellos posibles de la nariz y de algunas áreas de la barba. La sensación de tener un moco en mis fosas nasales eran más fuertes que la vergüenza de ‘picarme la nariz’ en lugares públicos. Me era imposible no tocarme la cara y exprimirme las existentes espinillas y toda la grasa posible de la nariz hasta dejarla según yo ‘limpia’ cuando en realidad la estaba dejando roja o dañada. Al paso del tiempo, mi rostro comenzaba a lucir lastimado tanto o más que mi autoestima.

Los comentarios de familiares y amigos no se hicieron esperar:

“¡Ya déjate esa cara, por favor!”

“Xaúl, jajaja, venías manejando sacándote el moco. Casi te sacas el cerebro”.

Generalmente reaccionaba a estas frases con silencio. No tenía mucho qué decir. Este tipo de comentarios me hacían sentir débil porque, al siempre identificarme como una persona fuerte y con voluntad para hacer las cosas, se asumía que yo debería tener el control para dejar de hacerlo. Pero no era así. Me era imposible lograrlo. 

Después de un poco de investigación sobre lo que me sucedía, intenté todo tipo de cosas para tranquilizarme. Desde tomar té de valeriana para serenarme hasta usar guantes durante mi jornada laboral para forzarme a impedir el daño facial. Ningún método funcionó y no me quedó de otra mas que elegir la que según mi documentación era la elección obvia pero en mi mente representaba la última: Ir al psiquiatra.

Psiquiatra. La sola palabra estaba cargada de una connotación negativa en mi cabeza producto de la desinformación que viaja de boca en boca y los prejuicios que esta causa en las personas. Sin embargo, desde el primer día que tuve cita con el doctor, me sentí iluminado y nuevamente con esperanzas porque no solo entendió lo que me sucedía sino que lo vio como algo normal e incluso, sin que yo lo dijera, me retrató el panorama de una infancia con ansiedad que yo no había identificado.

“Es probable que de niño hayas sido muy tímido. ¿Te daba miedo ir a la escuela el primer día de clases? ¿Te ponías nervioso al exponer clase o hablar en público? ¿Eras de los que sabían la respuesta a una pregunta del maestro pero decidías no participar? ¿Tenías malestar estomacal, diarrea y vómito antes de un examen importante? ¿Qué tan difícil es para ti tener una entrevista de trabajo?” –

Todo era verdad.

Tienes claramente un cuadro de ansiedad generalizada 2 y probablemente se ha estado presentando desde que eras niño. Es muy común que los padres lo pasen por alto al concluir que el niño o niña simplemente son tímidos. La falta de información y los prejuicios y estigmas hacia la psiquiatría juegan un papel importante en la falta de detección temprana de estos desórdenes”.

Después de 6 meses de psicoterapia y tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, mi vida empezó a tomar un rumbo diferente y reconocí mis capacidades no exploradas. En el trabajo ya podía llevar juntas telefónicas en inglés sin sentir nervios, podía decir lo que pensaba sin temor a ser juzgado, desarrollé mi capacidad de análisis, empecé a ser más asertivo e incluso, con el tiempo, logré hablar en público frente a casi 200 personas sin sentir que el mundo se acababa.

Descubrir lo que sucedía en mi cerebro y atenderlo, me ayudó a conocerme muchísimo más y a explorar mi potencial personal y profesional. Entendí que los prejuicios en nuestra sociedad son grandes obstáculos que superar y decidí poner atención extra para identificarlos y meter más de mi parte pare evidenciarlos y tratar de derribarlos.

Esa es la persona que soy hoy. La que no se detendrá ante tales situaciones y la que aprendió que, aunque la ansiedad no tiene una cura absoluta, la puedo entender, hacerla parte de mi vida y usarla a mi favor para un mejor análisis de situaciones y toma de decisiones. Ese árbol es ahora mi día a día y puedo navegar entre sus ramas sin temor a caer.

El 2012 fue un año de descubrimiento y gran crecimiento. Sin embargo, no tenía idea de lo que me esperaba en 2016 cuando las sombras de ese árbol cubrirían mi visión y me forzarían a navegar en la oscuridad. Todo esto en la segunda parte de esta trilogía de textos mañana.

Si conoces a alguien viviendo con este tipo de trastornos, comparte este texto. La única intención de esta publicación es ayudar a quien(es) pudieran estar experimentando algo similar sin saber que hay una respuesta allá afuera y tan solo es necesario pedir ayuda 3. 

1. Un ataque de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad en el cual se tienen ataques repetitivos de intenso miedo de que algo malo va a ocurrir. Los síntomas por lo general comienzan antes de los 25 años de edad, pero pueden ocurrir hacia los 35 años.

Fuente: U.S. National Library of Medicine

2. Los desórdenes de ansiedad son las enfermedades mentales más comunes. Tan solo en Estados Unidos afectan a 40 millones de personas de 18 años en adelante. Un 18% de la población. 

Fuente: Anxiety and Depression Association of America

3. La psiquiatría es la rama de la medicina dedicada al estudio de los trastornos mentales con el objetivo de prevenir, evaluar, diagnosticar, tratar y rehabilitar a las personas con trastornos mentales y asegurar la autonomía y la adaptación del individuo a las condiciones de su existencia. Click aquí si deseas encontrar algún doctor en México.

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