El Lado Positivo: Cambios

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Primero que nada, una disculpa por haberme tardado en escribir la siguiente entrada. Pudiera poner mil excusas, sin embargo, la verdad es que fue pura desidia. Ya tengo un rato sintiéndome mejor, ha habido muchos cambios en mi vida (ya llegaré a ellos en su momento), y se me hacía difícil ponerme a escribir. Pero aquí andamos y aquí trataré de seguir un tiempo más.

Anteriormente había comentado acerca de cómo empecé a sentirme mal. Primero hablaba sobre el triatlón al que fui. Ahí fue donde empecé a no estar del todo bien. Después fui cayendo en un remolino de tristeza del cual tardé mucho en salir.

Como había dicho anteriormente, dejé de entrenar bien. La verdad dejé de hacer muchas cosas. No quería hacer nada. En ese momento estaba viviendo sólo, y lo único que hacía era ir a trabajar y regresar a mi casa. Llegaba a hacer de cenar y la comida del siguiente día y dormir. Había comentado con anterioridad que hacía mucho ejercicio, tanto por las mañanas como por las tardes y noches. Primero dejé la bicicleta, luego el crossfit, dejé de ir a nadar, y por último dejé de correr por las mañanas. También dejé de hacer otras cosas que me gustaban, como salir con mis amigos, ir al cine, cenas, etcétera. Dejé de leer y también dejé de ir a la escuela de idiomas. Dejé mi vida anterior. La verdad no quería hacer nada.

Creía que no me sentía “triste”, pero no sabía cómo me sentía. Lo único que sabía es que no quería hacer nada. Quería estar en mi casa y dormir. Si me hacía de comer es porque sabía que tenía que comer. Tampoco quería interactuar mucho con la gente porque la mayoría de mis amigos no sabían por lo que estaba pasando y no quería que me vieran triste (nunca me ha gustado que la gente me vea triste) y de los pocos que sabían, no quería que me vieran porque sentía que me verían con lástima (cosa que no era cierta, pero así me sentía).

Mis amigos me conocen, y sabían que estaba mal, pero pues bien dicen que no hay manera de sacar a alguien del pozo si este no quiere salir. Yo la verdad no quería salir. Quería estar en mi soledad, en mi tristeza. Quería seguir dormido y esperar que pasara todo. Curarme mágicamente. Así pasó hasta que fue la prueba confirmatoria. Cuando fue eso, la verdad estaba un poco mejor (no mucho), pero el que me confirmaran lo que ya sabía, me afectó mucho más de lo que pensaba.

Volví a caer un poco más, y ahí fue cuando definitivo dejé entrenar y de ir a la escuela.

Poco después de que me confirmaran, a principios de diciembre, fue el maratón de Monterrey, evento que estaba esperando desde hacía tiempo. Como había bajado la intensidad al entrenar, la verdad no me sentía preparado. Aparte, sentía que iba a ser muy pesado y que podía llegar a lastimarme, o incluso que me podía pasar algo peor. Mi mente divagaba mucho. Mucho tiempo pensé no hacerlo. Sentía que me iba a arriesgar y que pudiera haber problemas. Anteriormente, en agosto del año anterior, había hecho el maratón de la Ciudad de México y regresando me había enfermado muy gravemente de una infección muy fuerte en la garganta. Muy probablemente me enfermé porque tenía las defensas bajas, pero no lo sabía en el momento. Yo pensé que los 42km de la carrera habían acabado con mis defensas, pero es probable que fue una combinación de la carrera y el virus. Hasta el momento tampoco lo sé del todo, es solo una idea que tengo. El punto es que, al darme cuenta que tenía VIH, inmediatamente relacioné esa enfermedad con el virus, por lo que pensé que, si corría nuevamente el maratón, mis defensas se iban a bajar y me podía enfermar de nuevo así de grave. Temía lo peor. No quería correr.

Tampoco quería decirle a nadie de mis amigos que no iba a correr, no quería que relacionaran una cosa con la otra. No quería que me vieran débil, triste, acabado. No quería que supieran que estaba tan mal como en verdad estaba.

Al final de cuentas y después de mucho pensarlo, terminé corriendo el maratón. Ya llevaba 3 maratones, juntos con muchos 21k y otras más carreras de 5k y 10k, así que me decidí a que eso no me iba a detener. Durante esa temporada, ese día fue de los más felices que tuve. Creo que no pude haber tomado una mejor decisión. Me sentí muy orgulloso de mi mismo. Y sentí que, si pude con este reto, podría con el reto de vivir con VIH.

Eso fue en diciembre de 2014, y aún y que he tenido muchos altibajos, aquí sigo. Así que creo que si he podido. Y seguiré pudiendo.


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