Los horrores de salir con gente nueva

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Hay una danza que odio. Siempre la he odiado. Por alguna razón llegué a convencerme de que ésta vez sería diferente. Pero no. Lo mismo de siempre. El conocer gente nueva y salir con otros chicos, aprovechando mi nueva soltería, es una experiencia que no extrañaba. Hay gente bien loca allá afuera y el ambiente parece que no tiene perdón para la gente nueva o diferente. Es una lástima.

Resulta que ahora que he reingresado al mundo de los solteros, me topo que casi siete años después lo único que ha cambiado es mi edad. Entrando en el internet me topo con cientos de perfiles con la larga lista de requerimientos para poder llevar una conversación. No gordos, no feos, no viejos, no obvios, no esto, no lo otro. Una gran lista de excepciones. Me hace pensar que son dioses buscando a otros dioses. Y luego se preguntan por qué nadie les hace caso.

El otro día conocí a un chico en persona. Todo bien. Platicamos un par de horas y quedamos de vernos de nuevo. El asunto es tranquilo y fluído. Ni siquiera un beso le dí. Al siguiente día, me macaba el hombre exigiendo que fuera a verlo, me demandaba que le contestara sus mensajes al momento mientras él me ignoraba por horas. Me hacía video llamadas para comprobar que estaba solo y en menos de una semana me hizo un berrinche porque una ocasión le contesté que estaba platicando por Whatsapp con un amigo. Me dijo que nunca me volvía a molestar y me bloqueó. Aún me da risa cuando me acuerdo. No puedo evitar pensar qué hubiera pasado si lo hubiera besado. Chanza y me asesina y se suicida. Bastante intenso el tipo.

Otro chico que conocí en Badoo, platcamos bien, todo cool. Después de una semana de chatear me animé a marcarle porque me llamaba la atención conocer su voz. Ya en ocasiones pasadas había notado que estaba medio loco. En una ocasión me dijo que estaba aburrido, y al darle ejemplos de lo que podía hacer como ir a visitar a alguien me dijo que yo no le dijera qué hacer y que él no andaba de cama en cama y que se respetaba mucho, que no lo invitara a mi casa. Creo que le molestó más cuando le dije que yo nunca lo invité a mi casa. Luego, hablando por teléfono, se portó como un completo patán. Me dijo que la única razón por la que había hablado conmigo era porque yo le insistí y que yo no tenía ningún tema de conversación porque soy bien aburrido y que él a fuerzas la tiene que deshebrar. Aparte que él es muy directo y que es muy altanero y que no tiene tiempo para gente falsa y estúpida. Todo esto en nuestra primera conversación por teléfono. Cuando terminé la llamada, me mandó mensajes pidiéndome disculpas si me ofendí, que no era su intención pero que él era muy directo. Una cosa es ser directo y otra cosa es ser un total cretino. Lo que es creerse la gran cosa.

Hubo otro chico que conocí y salimos. Una maravilla de tarde. Hasta me llevó a mi casa en un gesto bien lindo, ya que me dijo que quería pasar otro rato conmigo cuando le comenté que ya se estaba haciendo tarde y que se me iba a ir mi transporte. Todo bien, todo respetuoso. Al final nos despedimos y se fue. Desde entonces sus mensajes han sido muy elusivos, como si le fuera a dar la peste bubónica si abre mis mensajes. Se vale si no te agrado y ya no quieres platicar conmigo, pero igual dímelo. Te acabo de conocer, no me quiero casar contigo, pero si la pasamos bien, según yo y me dices que me quieres volver a ver, se me hace raro que desaparezcan, ¿no creen?

También están los clásicos que te dicen hola y en seguida “rol”, ¿acaso te dije que quiero coger contigo a los dos minutos de conocerte? Se vale que seas directo, pero no te hagas el ofendido si no busco lo mismo, sobre todo cuando yo también soy directo y educado y te digo que no ando en busca de sexo, no frieges. No hay nada de malo que liguen, pero no asuman que todos queremos hacer lo mismo. Luego terminan su ardido discurso con un “joto reprimido”. Disculpa, pero no acostarme con todo lo que se mueve no me hace reprimido. Sé con quién y cuándo y no necesito que un tipo promiscuo me diga que soy apretado porque no quiero acostarme con él. Mis respetos para él si así le gusta, pero también debe respetar que a mí no.

Otros me ven cara de desesperado y que estoy dispuesto a pagar por compañía. No estoy tan jodido. Hsta ahorita no he tenido que pagarle a nadie por que pasen un rato conmigo y menos por sexo. Comprendo que por mi anciana edad de 34 años ya no tengo derecho a ser atractivo o de gustarle a alguien, pero tampoco te voy a pagar la borrachera para que estés a mi lado mientras se me acaba el dinero. No manches. Como dice mi madre: “Tengo mejores y no trapeadores, vienen de lejos y no tan pendejos”. Aunque tenga 50, me rehúso a pagarle a un prostituto para que se pare a un lado de mí y haga como que le gusto para sentirme bien. Que lo haga quien quiera, yo paso. Además de que mi autoestima no me lo permite, los chicos se sienten más buenos de lo que están cuando uno les fomenta esas ideas estúpidas.

Yo soy gordo y feo y así me amo y una cosa sí sé. Esos tipos que actúan como si fueran unos dioses y se la pasan haciéndose los interesantes devalúan completamente su valor. He platicado con gente que me dice que me quiere conocer y se la pasan haciendo citas y cancelando. Lo que me da risa es que ya que me enfado de creerles (que pasa muy pronto) y ya no les insisto, me comienzan a reclamar que ya no les escribo. Hay otros que no se molestan en mandarte un saludo y cuando les escribes te ignoran unas horas o hasta unos días y luego te mandan un “hey, he andado muy ocupado”. Comprendo que a veces sí, uno anda ocupado, pero no cada vez que te saludan. Eso es hacerte el interesante, y honestamente no tengo tiempo para gente que se sienta demasiado bueno para mí.

Es fácil, soy una persona. No te necesito para vivir, pero decido pasar tiempo contigo porque me caes bien, no soy un instrumento para inflar tu triste baja autoestima con mis sentimientos. Sé honesto y dime que no te agrado y ya. Mejor sé directo y no asumas que te voy a rogar, porque no lo haré. Soy Mostro, me valoro. Ningún ser humano merece que yo le ruegue. Tampoco yo soy nadie para pensar que me tienen que rogar a mí.

Tengo mucho que ofrecer a la persona que me ame. Soy una persona valiosa, como cada uno de nosotros. No es bueno que nos restemos valor por andar creyendo que el mismo dedo de Midas nos fabricó y que somos superiores. Si creemos que la juventud y la belleza son nuestras mejores armas, lamento decirles que eso se acabará y serán despreciados por los nuevos modelos que poseen lo que ya perdieron.

Mis casi siete años de relación fueron maravillosos. Aprendí a amar intensamente, pero me amo más yo. Si llego a vivir de nuevo el amor, será bienvenido, mientras, a conocer gente se ha dicho, pero por ninguna razón del mundo me dejaré hacer menos por ningún hombre, no importa lo bueno que se crea.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com


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