El Lado Positivo: Empieza la caída

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Los días siguientes fueron pasando, y aún y que yo intentaba que no pasara, cada día iba cayendo más y más. Por más que dijera que estaba bien, por dentro sabía que no era cierto. El tener VIH estaba acabando conmigo, física y mentalmente.

Como he dicho con anterioridad, yo antes hacía mucho ejercicio. Correr por las mañanas, nadar y crossfit por las tardes, bicicleta ciertos días de la semana. Nunca he tenido un cuerpazo, pero me gustaba estar ejercitándome la mayor parte del día, por eso gastaba tanto tiempo haciéndolo.

Conforme fueron pasando los días, yo ya no me sentía con el mismo ánimo. Ya no me quería despertar temprano, y no iba todos los días a correr. Saliendo del trabajo solo quería regresar a mi casa, así que empecé a faltar a la alberca. En el crossfit, al hacer el ejercicio donde me agarro de la barra y tenía que levantarme, a veces me salían ampollas y me sangraban. Estaba dejando mi sangre contaminada por todos lados y no me había dado cuenta, o al menos eso pensaba. No quería arriesgar a la gente, así que opté por ir menos, hasta que ya no regresé. Obviamente, estos cambios se vieron reflejados en mi condición.

Yo ya estaba inscrito para mi primer triatlón, el cual iba a ser a finales de octubre en Parras, Coahuila, y por eso estaba entrenando así. Era una distancia muy pequeña, apenas para ir empezando, sin embargo, yo estaba muy emocionado por eso. Ya cuando faltaba poco para que fuera, yo ya no quería ir, pero ya había quedado con mi amigo Iván, al cual conocí en el club donde entrenaba, y habíamos hecho una muy bonita amistad. Todavía no le había dicho que tenía VIH, así que no pude decirle que no quería ir al triatlón por eso. Solamente se lo dije a Chris, ya que él me iba a acompañar para echarme ánimos. Me decía cosas que yo ya sabía. Si no quería ir, no tenía por qué hacerlo, pero ya había entrenado para esto, y sería mejor si fuera, me iba a sentir peor si no.

Así que así fue. Se llegó el día del viaje, y se me olvidaron un poco mis problemas estando en la entrega de los kits. Daban una pequeña plática sobre cómo iba a funcionar la salida de los atletas para empezar a nadar en el estanque y las transiciones a la bici y luego a correr, y la emoción regresó a mí, pero también recordé que por culpa de estar pensando en mis problemas había dejado de entrenar un poco, y también vino el miedo.

En la noche, antes de dormir, estuve hablando con Chris. Le decía que tenía miedo, y me dijo que no pasaba nada, que ya estaba ahí y que me iba a ir muy bien, que no me preocupara. Así fue, al siguiente día nos despertamos muy temprano y Chris y la amiga de Iván nos llevaron al estanque para la salida. Al estar viendo como empezaban los primeros me dio mucho miedo, pero también tenía mucha ansiedad por terminar. Cuando llegó mi turno de entrar al estanque, me aventé al agua y esperé mi turno. Arrancamos y ahí me di cuenta que, si me había afectado el dejar de entrenar, principalmente la nadada, ya que ese era mi principal problema. Fui de los últimos en salir del estanque, agarré mi bici y continué con la competencia. El resto de la competencia fue para pensar, ya que andar en bicicleta y correr siempre me ayudan mucho a pensar las cosas.

Ya al llegar a la meta estaban esperándome mis amigos, Chris me dijo que estaba muy orgulloso de mí y me hizo sentir muy bien. Me había caído en la bicicleta y traía una raspada en el brazo (la cual no me había dado cuenta que era tan grande), así que fuimos a buscar una ambulancia para que me hiciera una curación. Al igual que en el crossfit, al ver que sangraba lo primero que pensaba era que estaba dejando mi sucia sangre contaminada por todos lados. Era obvio que un poco de sangre en el piso no iba a afectar a nadie, pero yo en ese momento no quería que nadie tuviera ni el más mínimo contacto con algún fluido de mi cuerpo.

Ese fin de semana fue donde empezó la caída total. Yo trataba de decirme a mí mismo que estaba mejorando, que no me sentía tan mal, pero mis acciones empezaron a hablar por sí mismas después.


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