Rumberas, ficheras y golfas. Cine y baile mexicanos

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El cine de ficheras, querámoslo o no, es un género cinematográfico propio del cine mexicano que floreció en los años 70 y 80. México, con todo y el lastre del catolicismo ramplón español, mira el cuerpo femenino y lo coloca en la cúspide de una estética fugaz. Improvisado muchas veces, de bajo presupuesto siempre y de una calidad dolorosa, el celuloide jamás estuvo tan expuesto al erotismo como en esta época.

Tal vez no sea del todo cierto. Acaso hubo este tema y este cine desde siempre, a pesar de la doble moral.

Los orígenes pueden encontrase, con ese otro cine que se hacía: el de las rumberas de los años 40 y 50. Pero ahí el tema era muy otro, y casi siempre el mismo. Una joven humilde de provincia llegaba a la ciudad, y era “engullida” por la maldad imperante de la urbe, y quedaba condenada a bailar en el cabaret hasta encontrar su redención. A diferencia del de ficheras, el de la rumberas ha sido considerado como cine de culto.

El término “rumbera”, proviene del baile cubano conocido como la Rumba, ritmo musical que se puso de moda en América Latina desde finales del siglo XIX hasta los años cuarenta del siglo XX. Las primeras rumberas bailaban al compás de este ritmo. Eventualmente, surgieron nuevos ritmos musicales afroantillanos, como el Mambo y el Chachachá, que rápidamente desplazaron a la Rumba como el ritmo favorito del público. Aunque las rumberas incursionaron eventualmente en estos nuevos géneros y los plasmaron con sus danzas en el cine, el término “Rumbera” siguió utilizándose para referirse a ellas.

De acuerdo con expertos y críticos cinematográficos, de todas las rumberas que transitaron por el Cine mexicano, solo cinco de ellas han logrado pasar a la historia como las verdaderas forjadoras del género. Estas cinco grandes figuras estelarizaron por separado varias decenas de filmes que en conjunto construyeron y soportaron toda la producción del Cine de rumberas. Ellas fueron María Antonieta Pons, Meche Barba, Ninón Sevilla, Amalia Aguilar y Rosa Carmina.

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A mediados de los años cincuenta, las tramas del cine de rumberas habían perdido originalidad. Todas las estrellas actuaron en argumentos y papeles similares. Incluso llegaron a bailar las mismas piezas musicales.

El género dejó paulatinamente de ser atractivo para el público. El final del Cine de rumberas coincide también con el final del sexenio presidencial alemanista, pues la nueva administración resultó mucho menos tolerante para la vida nocturna que triunfaba en la Ciudad de México, que si bien no desapareció, si perdió el esplendor del que había gozado años atrás.

Más adelante, en la década de los setenta, la Ciudad de México vive una nueva época de oro de la vida nocturna y los cabarets. Esto fue posible en gran parte a la desaparición de la Liga de La Decencia (defensores de la moralidad, grupo radical que contaba con el apoyo de las autoridades y que consideraba al género como una falta a la moral y a las buenas costumbres).

El cine mexicano, se valió de nuevo del morbo y su explotación para llenar las taquillas. Al igual que el Cine de rumberas, el Cine de ficheras basaba sus argumentos en las mujeres de la vida nocturna, las mujeres del cabaret, pero desde un contexto muy distinto, pues para ese momento, la censura cinematográfica se había relajado y el cine internacional se encontraba atrapado en medio de la revolución sexual.

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A diferencia del cine de rumberas, el cine de ficheras se valió de los desnudos explícitos para atraer público a sus taquillas, en contraste con la labor de las rumberas, que habían demostrado ser vedettes completas, y que nunca necesitaron mostrar sus cuerpos de forma explícita para lograr el éxito.

Llamado también comedia erótica mexicana, el cine de ficheras presentaba la sexualidad con ese doble sentido y ese toque de arrabal. Con el albur velado pero con escenas de sexo real.

¿Qué son las ficheras? Las «ficheras» son mujeres que embellecen los cabarets haciendo compañía a los concurrentes, quienes les entregan una ficha por cada copa y por cada baile. Al final de la jornada estas chicas cambian las fichas por la cantidad de dinero correspondiente.

Estas mujeres serán el blanco de los deseos, anhelos e ilusiones de todos los hombres, pero al mismo tiempo, pueden convertirse en las razones de los nudos de conflicto de la película. Entre las más recordadas se encuentran Angélica Chain, Lyn May, Wanda Seux, Princesa Yamal, Rossy Mendoza, entre otras.

La compañía comprada. Un paso más comprometido que el simple coqueteo es el galanteo, el cortejo, en el que ya se recurre a la palabra con la pretensión de atraer, enamorar, a la persona deseada. Tradicionalmente siempre ha sido el varón mexicano quien ha debido tomar la iniciativa.

En este cine se muestra al hombre como cortejador y a la mujer como cortejada. Pero aquí es un juego, es simulado. La compañía de una mujer hermosa, exuberante, por una sola ocasión y en una noche eran el principal atractivo de un cabaret de la Ciudad de México. Y ese mismo sentido se llevó al cine.

Mujeres únicas. Este cine produjo mujeres icónicas que además traspasaron las barreras del celuloide para volverse figuras públicas, por diversos motivos (por ejemplo, relaciones con políticos). Sasha Montenegro, Irma Serrano o algunas simpáticas y recordables como Carmen Salinas.

En la década de los ochenta, su desaparición se debió a un doble fenómeno. El resurgimiento del cine nacional, y la desaparición de los cabarets en la Ciudad de México, que fueron desplazados por los «table dances». Muchos de estos productos aún transitan en diversos círculos sociales y siguen generando diversión y entretenimiento para su público.

Ponyboy


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