El Lado Positivo: “Estoy seguro que vas a ser un ejemplo bien cabrón”

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El resto de la tarde pasó sin ninguna novedad. Comí con mi familia (todos los sábados comemos juntos), y luego anduvimos viendo casas, ya que en ese entonces yo estaba por comprarme una para dejar de vivir con mis padres. A mi familia no les quise decir que tenía VIH. Se me hacía algo demasiado fuerte para ellos. Aparte que, aún existía una pequeña posibilidad de que no fuera cierto, y no quería agobiarlos con una noticia que pudiera resultar falsa.

Después de eso, fui a mi casa. Ya ahí, regresé a la soledad de mi situación. Trataba de calmarme a mí mismo. “Tienes VIH, pero no es el fin del mundo”, me decía. La verdad, no me creía nada de eso, sin embargo, me ayudaba a sentirme un poco mejor.

En la noche no tenía ganas de hacer nada, así que me quedé en mi casa. Estuve navegando en Facebook un rato. Ahí me topé con mi amigo Jesús, y estuvimos platicando un buen rato. Jesús es un muy buen amigo mío, el cual no veo muy seguido, sin embargo, hablamos mucho por Internet, y confío plenamente en él. Actualmente, sé que siempre puedo contar con él cuando lo necesite. Ese sábado fue cuando me di cuenta de eso.

Después de un rato de estar hablando, le dije que me sentía mal, y que quería hablar con él de algo. La verdad, tenía mucho miedo de que me dejara de hablar. En general, el miedo a ser rechazado es algo que siempre he tenido. Y el tener VIH agregaba algo más por lo que pudiera ser rechazado.

Le dije todo lo que había pasado el día anterior. Cómo me había hecho un par de pruebas rápidas de detección de VIH y que estas habían salido positivas. Lo que había pasado después, como me sentía de mal. No me quedé nada.

Jesús me mostró un apoyo total. Mis amigos a los que les había dicho anteriormente, y los que les dije después, me dijeron cosas muy bonitas. Sin embargo, las palabras de Jesús son las que más tengo guardadas en mi memoria. “Estoy seguro que vas a ser un ejemplo bien cabrón”. “Eres muy fuerte y te admiro mucho”. “Era como si estuvieras jugando en easy la vida”. Entre otras cosas.

Sigo pensando en estas palabras, y la verdad me siguen provocando mucho sentimiento, y me sigo sintiendo muy agradecido. Jesús tenía una reunión esa noche con sus amigos, pero me dijo que, si yo quería, no iba con ellos y se iba a estar un rato conmigo en mi casa. La verdad, no quería que él dejara sus planes por mí, como quiera, podíamos vernos otro día.

Aparte, al siguiente día, yo tenía que despertar muy temprano. En ese entonces, yo hacía mucho ejercicio (después hablaré del por qué lo dejé), y ese domingo tenía una rodada en bicicleta, y no quería faltar, ya que no quería dejar de hacer mis cosas por sentirme mal (aún y que después lo hiciera).

Nuestra conversación terminó diciendo que nos veríamos al siguiente día, y que me quería mucho, al igual que yo a él. Yo le dije que estaba muy agradecido con él, por sus palabras y por poder decir que es mi amigo. También me dijo que, cualquier cosa, le hablara.

En ese momento, fue cuando empecé a darme cuenta que mis amigos me quieren mucho y que siempre van a estar ahí conmigo. Comprendí que, aún y que tengo pocos amigos, son personas que valen demasiado la pena, y que no me he equivocado al escogerlos (o ellos escogerme a mí).

Este post está dedicado a ellos. Sin ellos, creo que no pudiera estar aquí. A todos ustedes, mis ángeles guardianes, muchas gracias por todo. Nunca podré regresarles todo lo que han hecho por mí, pero siempre trataré de hacer todo por ustedes.


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