El Lado Positivo: Aprendiendo a vivir con VIH. Día uno, el inicio

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Hace poco más de dos años, a finales de septiembre del 2014, fui a hacerme una prueba rápida de detección de VIH. Era un viernes y había llovido unas horas antes, el piso todavía estaba mojado.

Fui con mi amigo Pepe, que acababa de ir a hacérsela y resultó negativo, y como yo ya tenía unos años sin hacerme una, me llevó a hacérmela. Al final de cuentas, era gratis y no tenía nada que hacer.

Llegamos y esperamos mi turno. Después me llevan al cuartito donde me siento en una silla frente a un escritorio. Detrás de este, estaba quien me iba a hacer la prueba. Estaba platicando con él acerca de cómo funciona esta, y luego te hace varias preguntas de qué harías si la prueba saliera positiva, como crees que te cambiaría la vida, que tanto sabes acerca del VIH, etc.

Prueba VIH

Después de unas cuantas preguntas, se me queda viendo, y me dice que la prueba resultó positiva. Tenía VIH. Dijo unas cuantas cosas después de esto, creo que me preguntó cómo me sentía, pero la verdad no me acuerdo. En ese momento sentí como si me dejaran caer un balde de agua fría sobre mí y dejé de escuchar por un rato.

Cuando regreso a mí, veo que me está viendo, esperando una respuesta probablemente, y me pregunta cómo me siento. Le respondo que bien. Me dice que va a hacerme una prueba confirmatoria, utilizando otra diferente, pero que es muy poco probable que salga negativa.

Durante la espera del resultado de la segunda prueba, me estaba diciendo varias cosas acerca de lo que tenía que hacer después, de cómo tenía que ir al seguro social a hacerme otra prueba (otra más), de cómo ataca el VIH, de cómo prevenir el transmitirlo, acerca de las medicinas, demasiada información para alguien que lo que quería, era salir de ahí. La verdad no le hice caso. En verdad NECESITABA salir de ahí.

No era nada personal, solo no quería estar con él. De hecho, resulta que la persona que me hizo la prueba, era un amigo de un amigo mío, por lo que todavía lo veo a veces, y debo de admitir que por un tiempo sentía algo de incomodidad al verlo. Creo que llegué a odiarlo, aunque sé que él no tuvo la culpa en lo más mínimo. Eso ya pasó, ahorita puedo verlo sin sentir absolutamente nada malo.

La segunda prueba salió positiva nuevamente. Tenía VIH. Me explicó que, si ambas pruebas son positivas, significa que existía un 80% de probabilidades de que la prueba definitiva también lo fuera. En fin. Al salir de ese cuartito, voy con Pepe, el cual me esperaba en la salita de espera, y me pregunta que como salí. No sabía que hacer o que decir. La verdad creo que todavía estaba en shock. Me reí un poco y le digo que salí positivo. Mi amigo se ríe conmigo y me dice que no juegue con esas cosas. Un momento después estoy abrazándolo y llorando como nunca. Mi amigo me regresó el abrazo. Me abrazó tan fuerte que sentía que no me iba a querer soltar nunca. Estaba llorando conmigo. “Tranquilo, todo va a salir bien”. Era lo único que me decía. Qué más se le puede decir a alguien en mi situación, ¿no?

Estuvimos platicando ahí un rato, pero ya tenía que irme. No podía seguir ahí más tiempo.

Andábamos en carros diferentes, y mi amigo se ofreció a acompañarme en mi carro a mi casa. Le dije que no, que mejor nos viéramos allá, que necesitaba estar solo un rato. Manejar normalmente me relaja.

Ya había comenzado a caer una ligera lluvia nuevamente, y la hora del tráfico ya había pasado. Prendo el carro y apago el radio. Quería escuchar mis pensamientos. Manejé lento a mi casa, pensando muchas cosas. El pensamiento más fuerte fue que lo mejor sería acelerar y chocar contra algún muro o aventarme al río. No lo hice.

No lloré durante todo el camino. Me sentía vacío por dentro. Lo único que sentía era que me había caído una sentencia de muerte.

Llegué a mi casa, y unos momentos después llegó mi amigo. Estuvimos platicando un poco. No sabía que decirle. Ya quería que se fuera. Quería estar solo y tomarme un bote de cloro o algo por el estilo. Tampoco lo hice.

Él tenía un compromiso y me dijo que, si quería, podía cancelarlo y quedarse conmigo. Le dije que no había necesidad. En verdad quería que se fuera.

Me imagino que entendió que quería estar solo, así que se fue.

Cerré la puerta de la casa y me fui a mi cuarto. Me acosté en mi cama y me deshice en lágrimas. Solamente pensaba que hacer, cómo iba a cambiar mi vida, o qué tipo de vida iba a tener. Sentía que todo se había acabado.

Me quedé acostado, viendo al vacío. Me preguntaba en qué me había equivocado. Qué había hecho para merecer esto. Por qué me castigaban de esta manera.

Me sentí solo. Nunca me había sentido tan solo.

Yo soy un chico de Monterrey, al cual le gusta vivir. Siempre he sido muy positivo, sin embargo, durante un tiempo viví una fuerte depresión. Como lo acabo de escribir, me sentí muy solo. No sabía dónde buscar gente que estuviera pasando por lo mismo que yo. Por eso me decidí a escribir esto, para poder ayudar a la gente que necesite, que vea que no está sola, que no son los únicos viviendo esto. A la vez es algo terapéutico, escribir me relaja, y me sirve para sacar los demonios que tengo en mi interior. En esta sección, voy a estar escribiendo lo que me ha tocado vivir, como lo he sentido, como he sufrido, y también como he disfrutado mi vida, independientemente de la situación que me ha tocado vivir. Pueden llamarme por mi seudónimo, el cual será “PositHIVo 0”. Los nombres que estaré utilizando a lo largo de mis memorias son inventados, para poder asegurar la privacidad de mis seres queridos, así como la mía.


Si tienes dudas, comentarios, ganas de platicar, desahogarte o cualquier cosa, puedes contactarme con toda confianza por mail (posithivo0@gmail.com) o por Twitter (@positHIVo0).


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