El Síndrome Donald Trump

icon twitter icon_instagram Rubén Silva

Decir que estamos mejor solos y que no necesitamos a nadie en nuestra vida, es aceptar que fracasamos como seres emocionales, es decir, que fracasamos en el amor.

Pero no un fracaso derivado de una relación fallida. Es más bien un fracaso en nuestro intento por alcanzar la felicidad emocional y sentimental, un fracaso dónde preferimos enajenarnos del mundo por miedo a explorar lo que eventualmente nos pudiera lastimar.

Pero es que fracasar en el amor no es el fin del mundo, finalmente se supera. A algunos nos lleva más tiempo que a otros, pero sí, el tiempo todo lo cura.

Síndrome Donald Trump

Sin embargo muchos caemos en el manchón del borrador, ese que no borra y solo nos deja una fea mancha en la hoja, sobre la que tenemos que volver a escribir, así, manchada y con rayones.

Es entonces que decidimos mejor dejar de escribir, porque no nos gusta la mancha y comenzamos a dudar de nosotros mismos.

¿Qué pasa si me vuelvo a equivocar más adelante? Quedará la mancha y se verá más feo de lo que ya está.

Y así, dejamos de escribir, dejamos de construir nuestra plenitud emocional y comenzamos a inventarnos y creernos un sinfín de excusas y justificaciones para nuestra soledad emocional.

Esa soledad que ante los demás, la hacemos parecer como una independencia del corazón, pero que en nuestra muy profunda realidad es una soledad que nos atormenta y nos destruye poco a poco.

Síndrome Donald Trump

Entonces, para evitar que alguien sin darnos cuenta cómo, nos haga volver a escribir sobre el manchón, comenzamos a construir muros, grandes y gruesos muros a nuestro alrededor. Es aquí que comenzamos a desarrollar el Síndrome Donald Trump.

El Síndrome Donald Trump, es fácil de identificar, porque nos lleva a construirnos barreras, que en este caso invisibles, pero barreras al fin de cuentas. Grandes muros emocionales que nos protegerán de los intrusos que pretendan entrar a nuestra vida, para desarreglarla y después irse, dejando un caos a su paso.

Y esos muros, esas grandes bardas construidas a nuestro alrededor, no son otra cosa que un montón de justificaciones, excusas, miedos y viejas heridas que usamos como bloques, varillas y cemento. ¿Y saben qué? Este material es casi indestructible.

Una vez construidas esas enormes bardas perimetrales, sentimos protección, seguridad, nos sentimos realizados y hasta curados de las decepciones anteriores. Pensamos que éstos muros invisibles son el resultado de nuestro aprendizaje y erróneamente creemos que hemos sanado.

Creemos que con esto, hemos limpiado las heridas, reconstruido nuestro interior y nos hemos hecho de un impenetrable sistema de seguridad emocional, que nos alejará de quienes nos quieren lastimar.

Pero lo único que hemos hecho, es encapsular todas esas heridas y ese dolor que tenemos en el interior. En realidad, lo que hicimos fue crear una cerca para evitar que ese dolor saliera y se desvaneciera. Lo que provocamos es encarnarlo, tatuarlo en nosotros y revivirlo cada que alguien, quiere traspasar esas barreras invisibles.

Porque en cada persona que se acerca, vemos a un posible delincuente que solo vendrá, tomará lo que le sirva de nosotros, nos destruirá y después huirá hacia otra víctima.

Ese es el funcionamiento del Síndrome Donald Trump. De una forma casi sistemática, rechazamos una a una de las opciones que se nos presentan, juzgando a todos bajo la misma lógica, encontrando, por supuesto en cada uno, una patología distinta y encasillándolo como un posible criminal emocional.

Así pues, con cada uno, repetimos el análisis, el encasillamiento y el inevitable rechazo hacia las personas, haciendo cada día más altos los ya interminables y gruesos rascacielos emocionales.

Pero más tarde que temprano, llega el punto donde la intoxicación y la contaminación de todo lo que hay dentro de los muros, nos alcanza y cruelmente nos damos cuenta que lejos de alejar a quien pudiera hacernos daño, alejamos a quién podía ayudarnos a sanar y lo peor, nos dañamos nosotros mismos.

Claro, el material con el que construimos los muros es duro, más no imposible de romper. La clave es darnos cuenta que solo estamos incubando infelicidad, resentimiento, dolor y frustración, que no es culpa de quien llega sino de quien se fue.

La clave, es entender que para no caer en el Síndrome Donald Trump, debemos disolver esos materiales que nos sirven de falsa protección. Debemos entender que no todos los que se nos acercan, son delincuentes emocionales y debemos dejar de ver a todos como una posible amenaza. Tenemos que curar nuestras heridas, sanar nuestro interior y como bien dice la Trevi: hacer un, Recuento de los Daños.

No es con muros con que evitaremos que nos dañen. Más bien es con muros que nos dañaremos.

Síndrome Donald Trump

Los muros nos hacen vulnerables, nos carcomen por dentro y no nos permiten crecer. Invariablemente llegará ese día que alguien logre traspasar esa fortaleza que hemos construido y por la vulnerabilidad de nuestro interior, bien quedamos expuestos al dolor o la felicidad, entendiendo que el dolor hará mil veces más daño que en el pasado puesto que nunca fue tratado, sino solo encapsulado en un recóndito lugar dentro de las fronteras de nuestro ser.

Y si los muros ya existen, debemos derrumbarlos. Los muros nunca han sido la solución, sino el problema. Entendamos que el daño no existe afuera, sino adentro. Si aprendemos a identificarlo sabremos detectarlo a tiempo y alejarlo, sin construir más muros y sin negarnos oportunidades.

La felicidad y plenitud emocional y sentimental bien se puede lograr estando sin pareja, pero sólo si hemos aprendido que no podemos juzgar a todxs en base a experiencias sin superar.


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