«Yo no creo en la bisexualidad» – Cuando el discriminado se vuelve discriminador

Es que pareciera que no solo somos ignorantes sino que nos gusta serlo. No importa cuánta información se nos haga llegar ni cuántas historias se nos cuenten, decidimos quedarnos con nuestras propias ideas. Carecemos de empatía.
Nosotrxs lxs homosexuales hemos sido (o somos) muchas veces discriminados por el simple hecho de serlo. Ante los ojos de algunos miembros de la sociedad somos una abominación, algo antinatural. Se nos dice a la cara o a nuestras espaldas: «De seguro fuiste violado», «Ser joto es tu decisión» o «Eres un puto que corta cabello». Pero juntos hemos luchado por ir cambiando esas percepciones. A cuentagotas hemos logrado avances para que se reconozcan nuestros derechos y se respete nuestra forma de ser.¿Por qué se tiene que respetar nuestra forma de ser? ¡Porque así somos por naturaleza! No podemos cambiar y dudo que quisiéramos hacerlo de ser posible.

Somos algo tan natural como un árbol de Ginko Biloba cuyas hojas verdes se tornan amarillas durante el otoño. El árbol no decide cambiar de color sus hojas para estar a la moda en la temporada. Simplemente sucede y nadie lo juzga por ello. Simplemente ES. Eso lo sabemos tú, yo y muchas otras personas lo entienden y asimilan día con día por las buenas o por las malas. Comprenden que hay algo en nuestra estructura genética, hipotalámica u hormonal que nos hace ser así y no hay poder humano, químico o celestial que nos pueda cambiar.

Una gran batalla es la que estamos librando tan solo para que no se nos juzgue por algo que nosotros no decidimos ser. Una guerra en la que al final obtendremos lo que nunca tendríamos por que haber luchado: El respeto.

Una vez conscientes de lo que somos y la lucha que cargamos con nosotros, se esperaría que fuéramos las personas más tolerantes, racionales y respetuosos.

No lo somos. Abundan ejemplos en los que se dice:

Conocí a un chavo que jura que es bi.

¡Ay, wey! ¡Que no mame! Ya que diga que es joto.

La bisexualidad es un tipo de orientación sexual que se caracteriza por la atracción afectiva, sexual o emocional tanto hacia personas de sexo masculino como de sexo femenino. Ellos se pueden envolver en relaciones con cualquiera de los géneros y es más común de lo que creemos. No voy a ahondar en las diferencias entre el bisexual y el pansexual porque al final de cuentas caeríamos en lo mismo. Esa necesidad de catalogar la sexualidad.

Bisexual o pansexual, para ellos es indiferente la necesidad de ajustarse a un estereotipo específico. Es indiferente para ellos la necesidad de definirse como homosexuales o heterosexuales para ser aceptados en la sociedad. Pero somos nosotros, los homosexuales, que muchas veces nos rehusamos a aceptar esa realidad.

Lo siento, pero yo no creo en la bisexualidad. Eso lo dicen nada más para no aceptar que son homosexuales.

Y lo decimos con una certeza extraordinaria. Una seguridad que ya desearían tener muchos congresistas del mundo.

Sin embargo, la bisexualidad no es una religión o un dios. No tenemos por qué creer o no en ella cuando hay personas tan humanas como nosotros que se identifican como bisexuales y son tan discriminados como los abiertamente gays o incluso más, considerando que reciben el mismo trato de los straight y de los gay.

¡Decídanse! ¡No pueden gustarte tanto los hombres como las mujeres!

Es que te tiene que gustar más uno que otro. Que no lo quieras aceptar es otra cosa.

Quizá inadvertidamente caemos en la bifobia y nos convertimos en esas personas a las que tanto hemos tratado de convencer de que no somos más que seres humanos con diferentes preferencias. Nos aferramos a nuestra biblia de experiencias propias para aceptar lo que más se apegue a nuestras convicciones y rechazar lo que no.

Sí, es un hecho que muchos homosexuales deciden identificarse como bi en un paso más en su (muy respetable) camino personal de aceptación. Lo hemos visto muchas veces. Pero la frecuencia de los casos observados no define la totalidad de los ejemplos. Especialmente considerando que muchos de los denominados bisexuales prefieren mantenerse en el anonimato para evitar ser juzgados. En este caso, el limitado muestreo no representa a la población estadística y esto nunca sucederá si cada elemento de la muestra es sometido a escrutinio y escarnio social por el simple hecho de identificarse como tal.

Si nosotros sabemos que no todos fuimos violados de niños ni todos nos dedicamos a cortar cabello, ¿por qué no otorgamos ese beneficio de la duda a los otros? ¿Por qué nos empeñamos en ser los fundamentalistas e intransigentes de esta historia?

Es que el amor es el amor. No importa si es entre personas del mismo sexo.

Pero, ¿bisexual? Perdón, pero eso es pura mentira.

En el mundo tolerante por el que luchamos, los bisexuales no deberían tener la necesidad de asociarse para buscar fondos para una invesigación científica que compruebe que su orientación es real. ¿Por qué tienen que demostrarlo? ¿Por qué los hombres bisexuales tienen que someterse a pruebas para medir su nivel de erección ante erotismo heterosexual para compararlo con sus erecciones ante exhibiciones homosexuales? ¿A quién tienen que convencer? ¿Cuál es la necesidad? O quizá la pregunta es: ¿De quién es la necesidad?

La comunidad gay exige respeto sin tener que demostrar de forma científica el porqué nacimos así. Entonces ¿por qué nos es tan difícil asimilar que el respeto que poco a poco nos estamos ganando lo merecen todos?

Lo dijo el Dr. Alfred Kinsey, pionero investigador estadounidense de la sexualidad humana: «El mundo no esta dividido en cabras y chivas». Pero es que nos gusta mantenernos en la ignorancia y nos cerramos a ver más allá de nosotros mismos. Estamos conscientes de que no todo es blanco y negro e incluso portamos con orgullo el estandarte con los 7 colores del arcoíris pero nos cuesta mucho trabajo darle la bienvenida al gris.


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