Pásele a FriendZone (Continuación)

facebook fb icon icon twitter Martín Sánchez 

Fue el mejor 14 de febrero que pude haber tenido en años, el día culminó de la mejor manera, mi hermana me preguntaba cada 5 minutos ¿qué hiciste puerco? ¿Metiste a alguien verdad? ¡Nooo! ¿Viste al desaparecido? A lo cual yo solo me limitaba a sonrojarme, ese día nos encerramos en mi cuarto y la puse al tanto de la situación, tenía que hablar con alguien, había dicho cosas de las cuales no me sentía tan orgulloso y temía que no se volviera a repetir lo de ese día o peor aún no volver a verlo. Dentro de la gran experiencia sexual que tuve con el susodicho y en uno de esos “breaks” se me ocurrió sugerir abiertamente que intentáramos empezar una relación, si lo sé, eso espanta a cualquiera, menos a mí, el tipo contestó secamente que no buscaba novio, que sí yo lo buscaba estaba bien, pero pues él no, a lo cual contesté inmediatamente que no.

Mi hermana no desaprovechó la oportunidad para decir lo estúpido que había sido ese comentario, de cierta manera estaba de acuerdo con ella, había sido una estupidez de mi parte, pero ya estaba dicho, no podía regresar el tiempo. El lunes estuve temeroso y esperaba con ansias su mensaje, no quería escribirle yo, porque podría parecer aún más intenso de lo que ya probablemente le habría parecido, me sentí aliviado por la tarde cuando salía a comer al ver un mensaje suyo, preguntándome por mi aquellito, si no me dolía, me encantaba cada vez más, cabe destacar que el domingo había estado al pendiente de si me dolía o no, lo cual me hacía pensar que no solo se preocupaba por su placer sino por el mío, sabía que no significaba nada pero no podía evitar emocionarme con esas “cortesías”.

Para entonces  mi mejor amigo ya estaba al tanto de los hechos, se emocionaba junto conmigo, no le hacía gracia que probablemente dejaría la soltería otra vez, pero al  verme como estaba no tenía más remedio que aceptarlo aunque no fuera un hecho consumado. En los siguientes días los mensajes siguieron fluyendo, me iba relajando más, se volvía a planear la tercera cita, aunque esta vez lo sentía más por el lado sexual, sus mensajes eran más enfocados en ciertas partes de mi cuerpo  que le gustaban, lo cual me desconcertaba, cabía la posibilidad de que en realidad lo hubiera espantado y que estuviera a punto de entrar directo a la friendzone.

Los mensajes se volvían otra vez más esporádicos y triviales, intentaba inventarme cosas para involucrarlo, pero sabía que si ya no había interés en mí no habría poder humano que lo hiciera cambiar de opinión. Lo que temía volvió a suceder, ya no me escribía tan frecuente como antes y cuando lo hacía, eran completamente triviales, decidí tomar la iniciativa y dejar de buscarlo, no borré el número, simplemente empecé a ignorar el hecho, que me encantaba y que quería verlo otra vez. Transcurrían los días y febrero parecía que no terminaba, siendo un mes corto daba la impresión de ser una eternidad, mientras veía pasar el tiempo con pocas noticias de él,  me invitaron a la casa de campo de una amiga del trabajo, el plan era pasar un fin de semana fuera de la civilización, para lo cual todo mundo ya tenía con quién perderse en la naturaleza menos yo, mi hermana me sugirió que lo invitara a lo cual respondí con un seco “ya no pienso buscarlo” mi hermana se botó de risa y me sugirió que lo intentara por última vez.

Haciendo caso del consejo de mi hermana, le mandé la invitación vía whatsapp, estaba en línea, se me hacían eternos los minutos que tardaba en contestar, mientras aparecía su respuesta en mi pantalla, en mi mente pensaba en que tomaría como una señal su respuesta, la cual no fue lo que esperaba, no iría conmigo a la casa de campo, tenía otros compromisos, por supuesto solo yo no tengo plan cada fin de semana, ese día era la excepción, sin embargo salió de él vernos el sábado, admitió que tenía ciertas dudas, argumentaba que había notado cierta “desconexión” por parte mía, requería una tercera cita para saber si aún existía esa química, a lo cual acepté, sin saber qué pensar, me empezaba a conflictuar, la cita se fijó para el sábado por la noche, cenaríamos, le volvería a cocinar, estaba indeciso entre sí pasar la tarde con mascarillas y tratamientos para embellecerme o esmerarme en la comida, estaba también el problema de donde nos veríamos, mis padres no tenían planes de salir, así que recurrí a mi mejor amigo y su departamento.

Tomé la decisión  de no invertir tanto tiempo ni en la comida ni en mi arreglo personal, solo sería la tercera cita, no me iba a casar, yo estaba seguro de querer verlo más, estaba convencido que él podría ser el indicado para hacer mi regreso triunfal  al mundo del emparejamiento, era él el que tenía que aclarar dudas. Llegó el momento de la verdad, debo admitir que al verlo se me olvidaba todo, su sonrisa, su forma de hablar, de tocarme, esos besos que me robaba, esa manera en que gemia cuando me besaba, su mirada cuando estaba dentro de mí, me hacían pensar que nada más importaba. La cena transcurrió de lo mejor, después de la sobremesa las cosas se calentaron y pasamos al cuarto que me había autorizado mi amigo usar, en esta ocasión pasó la noche conmigo, esta vez el sexo fue casi perfecto, no terminó otra vez, lo tomé como una curva de aprendizaje, yo tenía claro que no había sido solo magia de una sola noche.

En la semana siguiente se volvió a desaparecer, esta vez fue más preocupante, parecía que me había bloqueado de whatsapp, intenté marcarle, le mandé mensajes de texto, la respuesta fue nula, algo me decía que no hiciera nada, aunque el estrés me estaba consumiendo, hasta que el sábado se reportó, más seco que de lo de costumbre, su teléfono había vuelto a fallar, lo cual se me hacía demasiado, pero lo creí. Había sido un día pesado para mí, estaba muerto pero al ver su mensaje mi cuerpo se lleno de vitalidad, estaba ahí otra vez, pero algo había en el ambiente que no me permitió emocionarme igual. La plática después de las explicaciones se tomo un ritmo que no me estaba gustando, mencionaba que algo no terminaba de cuajar en el sexo, se destaparon muchas verdades, admitió que en realidad le gustaba más el sexo fuerte, que el hecho de que yo no aguantara ese ritmo y que limitara la penetración a una sola sesión por evento pues no le terminaba de convencer, no bastó mi disposición para intentar hacerlo como a él le gustaba, su siguiente mensaje fue como una bala  directo a mi  corazón:  si te cuesta trabajo hacerlo estaría bien quedar mejor como cuates…

Continuará…

Texto extraído del blog Benditos 30´s El diario de Marcelo, síguelo en sus redes sociales.


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