5 Actitudes Que Pueden Estar Amargando Tu Vida

Julio Escoboza icon twitter

Se entiende que nuestra vida está llena de altibajos y que está en nosotros llevarlo de una manera positiva o negativa. En la vida diaria y a la evolución del ser humano junto con la tecnología es más fácil amargarse la vida que desarrollar una actitud positiva. Cuando estamos inmersos en una situación adversa, es más sencillo notar los obstáculos que nos impiden continuar, que focalizarse en los aspectos positivos. Y es que para ver las oportunidades, necesitamos deshacernos de los pensamientos negativos que nos cubre, necesitamos dar un paso atrás para tomar distancia del problema y ver más allá de las dificultades.

Por lo tanto, no es muy extraño ni tampoco sorpresivo que en ocasiones nosotros mismos seamos el mayor obstáculo para poder lograr esa felicidad o una vida positiva. Cuando alimentamos actitudes que nos alejan de la persona que desearíamos ser, actitudes que nos amargan la vida, nos convertimos en una barrera para nuestro crecimiento. Sin embargo, lo peor es que normalmente no somos conscientes de esas actitudes, por lo que el primer paso es ponerlas al descubierto

Dentro de nuestro desarrollo y nuestro camino de vida, existirán barreras que solo estarán si las saltamos o dejemos que nos detenga en nuestro camino. A continuación alguna de las actitudes que pueden estar amargando tu vida y no dejarte ser feliz:

1. Compararte con los demás:
Tenemos una tendencia innata de compararnos con los demás. Esto es algo que normalmente hacemos de los cuales terminamos haciendo conclusiones que al final de cuenta son solo creación de nuestra imaginación y terminamos creyendo. Sin embargo, el problema comienza cuando no logramos controlar la tendencia a compararnos con los demás en todo. Las comparaciones con los demás nos pueden dar una percepción deforme acerca de nosotros mismos, haciéndonos sentir inferiores o poca cosa.

Por eso, es muy importante estar conscientes de que no todos somos perfectos que todos somos diferentes y únicos en nuestra propia manera y afrontamos las circunstancias diferentes a lo largo de la vida. Por eso es mejor aprender a vivir siguiendo nuestros propias metas, sueños y sintiendo satisfechos con lo que hemos logrado gracias a nuestros propios esfuerzos sin la ayuda de nadie más.

2. Intentar ser perfecto
Cuando somos víctimas del perfeccionismo es porque creemos que existe algo erróneo en nosotros que debemos corregir. Esto muchas veces tiende a desarrollarse cuando se compara con los demás. Debido a esto, nos conduce a desarrollar un nivel de autoexigencia demasiado elevado, que solo nos genera un estrés innecesario en nuestras vidas. Nos mantenemos en un estado constante de tensión debido a que nos convertimos en jueces de nosotros mismos y esto nos lleva a menospreciar nuestros logros y solo enfocarnos en los errores o los actos fallidos.

Para evitar esto, es mejor enfocarse en las cosas buenas que nos suceden y aprender de los errores y de las oportunidades nuevas que vendrán. Es mejor esforzarse en el esfuerzo que en los resultados. Como dijo Erich Fromm: “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”.

3. Sentirte una víctima
Cuando asumimos el rol de víctimas, nos atamos de pies y manos, entregamos las riendas de nuestra vida al destino porque creemos que no hay nada que podamos hacer. Cuando nos lamentamos continuamente y asumimos la costumbre de regodearnos en la queja, exageramos lo negativo y pasamos por alto las cosas positivas, por lo que terminamos desarrollando una visión distorsionada de la realidad. Cuando asumimos una actitud victimista negamos nuestra responsabilidad y culpamos a los demás por lo que nos sucede.

El primer paso para abandonar esta actitud consiste en comenzar a asumir la responsabilidad por nuestros actos, comprender que somos los protagonistas de nuestra vida y que no debemos ceder ese rol a nadie.

4. Postergar las tareas
Todos, en algún momento, hemos dejado a un lado tareas porque no nos gusta o en ese momento no se nos antoja llevarlo a cabo. Sin embargo, pero cuando esto se vuelve una actitud frecuente, se empieza a convertir en un gran problema que se llama procrastinación. En el cual esto nos puede hacer sentir que no somos buenos en lo que hacemos o el miedo al fracaso.

Para poder abandonar esta actitud, tenemos que analizar las tareas, desde cual nos puede tomar más tiempo, e irte organizando de lo más importante hasta lo que puede esperar y así dejar de procrastinar. Muchas veces tener muchas actividades sin analizarlas u organizarlas puede agobiarnos tanto que terminamos por no hacerlas o hacer como que nunca existieron

5. Anteponer las necesidades de los demás a las tuyas
Ser empáticos y tener en cuenta las necesidades de los demás son cualidades positivas que nos ayudan a cultivar las relaciones interpersonales. Sin embargo, todo tiene un límite y, cuando anteponemos continuamente las necesidades de los demás a las nuestras, abrimos las puertas a un sufrimiento inútil.

En muchos casos, detrás de esta actitud se esconde el miedo a quedarnos solos o a ser rechazados, dudamos de que las otras personas nos acepten tal como somos. En el fondo, priorizar continuamente las necesidades de los demás es expresión de una baja autoestima pensamos que los demás valen más que nosotros y dejamos que sus necesidades prevalezcan, incluso por encima de nuestros derechos como persona. Si quieres saber si estás poniendo primero las necesidades de los demás que las tuyas, puedes leer mi artículo que habla un poco respecto a este tema.

Es importante comprender que, en algunos momentos, no es egoísta anteponer nuestras necesidades y cuidar de nosotros mismos. El poeta Arturo Graf nos indicaba que “si pretendes y te esfuerzas en agradar a todos, acabarás por no agradar a nadie. Por eso, la clave radica en saber qué queremos y sentirnos a gusto con nosotros mismos.

 


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