El Lado Positivo: Viviendo con VIH

“Decidí llamar esta nueva sección “El Lado Positivo” con la esperanza de poder dar un poco de luz a un tema que normalmente se relaciona con cosas negativas”.

Mail Adrián

Estaba acostado en mi cama mirando a la nada. Aún tenía migraña pero al menos la fiebre había desaparecido. Mi cuarto estaba oscuro pero ya se hacían notar algunos rayos de luz que se colaban por la ventana. Busqué mi celular para ver la hora y al mismo tiempo me tomé dos pastillas para el dolor de cabeza. Ese dolor de cabeza había sido constante durante una semana.

Habían pasado 24 horas desde que me hice todos los estudios que mi doctor sugirió. Los resultados no estarían listos hasta dentro de algunos días, no había nada que hacer más que esperar.

La realidad es que no necesitaba ver los resultados, algo en mi interior ya lo sabía.

Sin una razón en específico, decidí entrar a revisar mi expediente. Me ganaron las ganas de entender lo que pasaba con mi cuerpo, me ganó la curiosidad.

Sólo uno de los estudios estaba listo. La prueba de VIH. Esa prueba que mi doctor dijo que había solicitado por mera formalidad. Esa prueba que inicialmente me hice pensando que era un gasto innecesario. Después de unos cuantos minutos de revisar el resultado, ahí estaba la palabra:

P O S I T I V O

“Me voy a morir.”

“¿Qué van a decir mis padres?”

“No me voy a morir.”

“¿Qué voy a hacer ahora?”

“¿O sí me voy a morir?”

“¿A quién le marco?”

“Definitivamente no me voy a morir.”

“¿Cómo pasó esto?”

“¿Pero y si sí me muero?”

“¿Qué se hace en estos casos?”

Jamás olvidaré ese sentimiento generado cuando leí la palabra “POSITIVO” en mis resultados. Unos resultados que, a pesar de ser malas noticias, me salvaron la vida.

La mayor parte de mi vida la decidí vivir con el papel de niño bueno. El niño que sacaba buenas calificaciones, el que escuchaba a sus padres, el que no tenía sexo con cualquiera, el niño que no decía malas palabras, el que intentaba vivir una vida “saludable”. Si bien el papel del “niño bueno” era el rol que me gustaba jugar, de cierta manera era lo que yo creía ser en esencia. Algunos de los primeros pensamientos que llenaron mi mente al enterarme de mi nueva enfermedad derrumbaban todo eso que yo creía que me definía.

Está de más decir que me sentía como un fracaso. Sentía que le había fallado a mi familia, a mis amigos y que me había fallado a mí mismo. ¿Cómo es que el niño bueno terminó con VIH?

Los pensamientos negativos inundaron mi mente.

Por más que presumas o creas que eres una persona de mente abierta, es difícil separar todos los prejuicios que se tienen sobre el VIH.

¿Qué es lo primero que piensas cuando alguien te menciona el VIH?

Muerte, enfermedad, SIDA, homosexual, promiscuo, puto, sufrimiento, marginado, sidoso, manchas en la piel, me va a contagiar, “pobrecito”. Y la lista continúa.

El VIH es una enfermedad que le puede dar a cualquiera. Era muy estúpido de mi parte pensar que por creerme el “niño bueno”, estaba exento de este tipo de situaciones. Y era todavía más estúpido de mi parte relacionar tantas cosas negativas con este virus. No porque no sea algo grave (es un tema que se debe tomar con suma importancia), sino porque todos esos pensamientos negativos que tenemos sobre el tema, muchas veces no atañen a la enfermedad en sí, sino a la persona que porta el virus. Es ahí donde creamos prejuicios y etiquetamos a las personas. Una práctica que estoy seguro que la mayoría de la gente hacemos.

Soy afortunado de ser del porcentaje de la población infectada que detectó a tiempo su enfermedad. Muchos viven con el miedo de hacerse la prueba porque no quieren enfrentarse a la verdad. Prefieren vivir en la ignorancia. Pero la verdad es mucho menos aterradora de lo que creen:

Tener VIH lo cambia todo, pero no cambia nada.

Sí, vivo con un virus que está haciendo todo lo posible por eliminar mis defensas, un virus que literalmente me destruye por dentro. Pero eso no me ha dado razones para dejar de vivir. No ha limitado mi vida ni mis actividades. Es más, les puedo decir con la mano en el corazón que me siento exactamente igual que antes de enterarme que soy positivo.

Por fuera me veo igual. Baje un poco de peso pero después fácilmente lo recuperé. La gente no sabe lo que pasa dentro de mí y nadie tiene por qué saberlo (mientras yo no lo quiera). Sigo haciendo ejercicio, sigo corriendo igual de rápido, sigo saltando igual de alto, sigo bailando hasta el piso, sigo saliendo de fiesta, sigo trabajando, sigo viendo mis programas de televisión, sigo soñando y sigo haciendo planes a futuro.

Mis amigos me quieren con la misma intensidad y yo los quiero más a ellos por eso porque el VIH no es una batalla que yo quiera luchar sólo.

Emocionalmente es un tema completamente diferente. Cuando recibí mis resultados sabía que tenía dos alternativas. Por una parte podía ser la persona que se derrumbaba, que sentía que el mundo se le venía abajo, que sentía que había perdido toda razón de vivir. Pude haber decidido ser una persona que dejara que lo destruyera la tristeza y la vergüenza; una persona que se dejara vencer antes de empezar la batalla.

Yo decidí que quería vivir.

Sí. Me sentía triste, pero me miré al espejo y me dije: “Tienes un día para sentirte mal. Tienes sólo un día para estar triste. Tienes un día para derrumbarte. Tienes sólo un día. Porque después de ese día, todas tus fuerzas y energías se enfocarán en querer estar mejor, en asegurarte de estar sano, en vivir.” Eso es lo que hice y eso es lo que estoy haciendo. Decidí ver mi enfermedad como una oportunidad de empezar de nuevo, de ver la vida con nuevos ojos.

Tengo mis días buenos y tengo mis días malos. No siempre podemos ser los fuertes pero no siempre necesitamos serlo. Pero, a pesar de los días malos, por dentro y por fuera sigo siendo el mismo.

Mi aventura con esta enfermedad apenas comienza y la verdad es que no le tengo miedo.

Al final de cuentas, tener VIH no me quita el querer seguir siendo el “niño bueno”. No me hace mejor o peor persona. No me hace bueno o malo. Quiero ser el mismo pero quiero ser mejor. Yo tomé la decisión de seguir viviendo mi vida porque descubrí la verdad, que tener VIH lo cambia todo pero no cambia nada.


Si deseas contactar a Adrián para aclarar dudas u obtener información, no dudes en enviar un correo electrónico a soy.el.positivo@gmail.com


2 pensamientos en “El Lado Positivo: Viviendo con VIH”

  1. Hola, somos un Grupo de Autoayuda a varones de reciente diagnóstico en la Ciudad de México, los invitamos en seguirnos en fb o Twitter; por favor me pueden mandar un correo o por fb Grupos de autoapoyo apoyo en Monterrey ya que hay chicos que lo solicitan, gracias

    Grupoaztli.jimbo.com
    Fb Grupo aztli
    Correo grupoaztli@gmail.com

  2. Excelente articulo Yo como enfermero y gay me ha tocado lidiar con pacientes y amigos en esa situación y aún siendo de alguna manera profesional luego no se ni que hacer Pero se que el acompañamiento es crucial para ellos
    Gracias por este articulo

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