¿Hay algo peor en éste mundo que sentirse abandonado?

facebook fb icon icon twitter Mostro Vacci

Dice Abraham Maslow en su teoría de la jerarquía de necesidades que una de esas etapas es la necesidad de afiliación, de pertenecer a algo: una familia, una amistad, una pareja, ya de perdida al IMSS es bueno. Sin embargo, de repente hay ocasiones en las que puedes darte cuenta qué tan fuertes son esos lazos con ciertas personas. Resulta que mientras todo son risas y cosas bonitas te ves rodeado de personas, sin embargo, cuando las cosas se ponen difíciles o dejas de tener lo que algunas personas necesitan, tienden a desaparecer.

Después, cuando las cosas vuelven a la normalidad y vuelven las risas y la utilidad, todo mundo regresa con una sonrisa tímida y conciliadora acompañados, claro, con un sinfín de excusas que explican dónde estaban cuando llegaste a necesitarlos. Conveniente, claro. Me imagino que en la mente de las personas eso justifica todo y lo guarda en un paquete perfecto. Hora de archivarse y olvidar el abandono y la soledad, ya tienes amigos de nuevo.

Dicen que las personas solamente te decepcionan cuando esperas algo de ellos. Suena cierto y práctico. Pero, ¿en realidad puedo yo como ser humano vivir sin esperar nada de nadie? No creo. Quizá es demasiado pedir un poco de amor cuando trato de darlo en abundancia. Un abrazo cuando los reparto como utilidades de una empresa. Una sonrisa. Una mirada de comprensión que compense todas esas miradas de desaprobación que veo en un día. Quizá espero mucho de la vida, pero el prospecto de dicha reciprocidad me ha ayudado a sobrevivir esos momentos oscuros de mi vida.

Cuando estaba solo y perdido soñaba con un amigo que me protegiera y me amara por quien soy, sin tapujos y sin juzgarme. Viví con ese concepto utópico en mi corazón durante años a pesar de que me decían que no existía. Y un día conocí a Angel. Él fue la encarnación perfecta de un amigo para mi. Creo firmemente que lo mandaron a éste mundo sólo para encontrarlo y que me hiciera creer en Dios. Conectamos hasta el día que lo perdí y aún ahora me siento protegido por su amor.

Ésta semana que pasó ha sido una de poderosa transición. Caí enfermo y desaparecí del mundo cerca de cuatro días. Un mundo rodeado de amigos, familia y pareja con los que estoy en constante comunicación. Nadie sabía dónde estaba porque no hubo tiempo de dar detalles, solo me desvanecí en el aire. Hoy que es el cuarto día, aún sigo esperando un mensaje o una llamada para ver si estoy bien. Claro, mi madre me  estuvo mandando mensajes, al parecer la mujer es adivina porque siempre sabe cuando no estoy bien.

En el día más feo, ese clásico día que sientes que la muerte viene por ti de lo fatal que te sientes, le pedí a mi pareja que viniera a hacerme compañía, considerando que era una intoxicación y nada contagioso o peligroso. La respuesta fue un rotundo no porque era una lata llegar a mi casa en la noche. Más tarde recibí un mensaje avisando que se iba de antro. Al parecer no es tanta lata andar buscando taxi a las 3 am estando borracho. Buen día para el autoestima.

Al final de cuentas, con ésta amarga experiencia tengo la oportunidad de aprender nuevamente quienes son mis raíces. Puede redefinir mi rol como amigo y puedo aprovechar para mandar a la fregada a otras personas. Lo que se me hace chistoso es cuando corto a personas de mi vida y en realidad no tienen idea de por qué lo hago. Al parecer, sus definiciones de amistad y la mía no son las mismas.

Si un amigo mío desaparece del trabajo durante tres días, yo estaría marcando a todos los contactos posibles con tal de investigar si está bien. Ya lo he hecho. Hasta interrogo a medio mundo hasta que me aseguro que mi ser querido se encuentra bien.

Afortunadamente la que nunca me falla ni me falta es mi amiga la escritura, esa siempre aparece en el momento en que estoy a punto de explotar y me ayuda a sacar el torrente de emociones para poderlo compartir con ustedes.

Acompañado por Sia con “Big girls cry” he escrito sobre la amistad, el abandono, las expectativas y el amor en general. Vaya musa. Espero que ésta nunca me deje porque entonces sí estaré en problemas.

Afortunadamente tengo raíces fuertes en mi vida que me nutren y nunca me dejan caer, Tengo suerte.

Hermanos, hermanas, compartan, ¿alguna vez se han sentido así?

“El odio no es el peor amigo del hombre, es la indiferencia” Victor Moreno.

Saludos afectuosos.

Mostro.

claricelecter@hotmail.com

 


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