Crítica al movimiento oso: La superficialidad

 pag_staff_face  César Tovar

Ya he presentado en un texto anterior una de las principales críticas que se le hacen al movimiento oso desde adentro de la misma comunidad ursina: el crear un nuevo estereotipo tan superficial y consumista como el estereotipo del adonis.

Sin embargo me topé con un escrito de Javier Sáez que ahonda mucho más en esta crítica y la coloca en ejemplos concretos lo que la hace más entendible:


Javier Sáez

Ya han pasado varias décadas desde que se organizaron las primeras asociaciones de osos.

En aquel momento la entrada de la comunidad bear en el ambiente gay supuso una rebelión social y política importante: otros cuerpos, otras estéticas y otras edades que habían sido excluidas por la moda gay dominante se hicieron respetar, y logramos abrir la mentalidad y los espacios de las culturas gays a los cuerpos gruesos, peludos y mayores.

En aquel momento comenzaron también las primeras parodias de los concursos de belleza, los llamados Mister Bear. Los osos desafiábamos la idea del cuerpo escultural y la misma idea de belleza: la noción de míster o de miss implica siempre establecer un canon de belleza estándar, algo que por definición no tenía sentido entre nosotros.

Por eso los Mister Bear eran algo desenfadado y burlón, en la medida en que se trataba de cuestionar precisamente que hubiera personas objetivamente “guapas”. Podía ganar cualquiera, un oso mayor y barrigón, un joven tímido que bailaba fatal, o uno más basto que un arado, porque era simpático o porque era tímido… daba igual.

Pero el capitalismo lo asimila todo. Con el tiempo los concursos de Mister Bear pasaron a ser un reflejo de eso mismo que querían cuestionar: cuerpos cada vez más musculosos, y hombres cada vez más guapos… y más viriles.

Y un empresariado voraz encontró un filón económico inagotable alrededor de estos macroeventos que son ahora los Mister Bear, sobre todo en Estados Unidos.

Paralelamente, un discurso y una actitud cada vez más plumófobos y misóginos se extendieron entre la comunidad bear, hasta el punto de que ahora mismo hay dos posiciones enfrentadas: los que quieren ser “normales” (o sea, como los heterosexuales, sin pluma, muy machos, que no se les note que son maricas, integrados en el sistema hetero) y los que no.

Personalmente me sitúo en esta última posición. Para mí es más interesante cuestionar eso de la normalidad, que al fin y al cabo es algo aburridísimo.

Y políticamente el discurso del “oso masculino, hombre de verdad” es muy reaccionario, supone aliarse con el discurso homófobo que siempre ha detestado y perseguido a las maricas plumeras.

Aparte de que los osos con pluma son como las meigas: haberlos haylos. Afortunadamente. Como decía Jesucristo a sus discípulos, cuando fundó el primer club bear de la historia: “El que esté libre de pluma que tire la primera lentejuela”.

Este mismo debate se ve en los concursos de Mister Bear: premios cuantiosos, nada de pluma, cada vez más músculo, cada vez gente más guapa y más joven. Y cada vez menos discurso y menos compromiso social.

Al menos los Mister Bear americanos siempre han tenido una vertiente solidaria importante, recaudaban mucho dinero en sus eventos y gran parte se dedicaba a la lucha contra el sida.

Los osos estamos en situaciones paradójicas interesantes: no damos la imagen del marica afeminado, y eso rompe con un estereotipo, pero tampoco somos hombres de verdad porque somos maricas (y el hombre de verdad es hetero). Hacemos concursos de belleza, cuando siempre nos hemos reído de la idea de belleza. Cultivamos la imagen de masculinidad pero bailamos como locas cuando nos da la gana.

Creo que podemos explotar esas contradicciones para cuestionar el orden heterocentrado en que vivimos.

Sin embargo, ha habido una corriente en el movimiento oso que se vuelve justo lo que estábamos evitando: un rol de como se debe ser , basado en una mal llamada “masculinidad natural” que excluye cualquier manifestación de amenaramiento.

Acerca de tal contradicción es de la que se hablará en la segunda parte de esta crítica al movimiento oso la próxima semana. ¡No te la pierdas!

Vía: Hartza.com

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Javier Sáez es autor del ensayo Teoría queer y psicoanálisis (Síntesis, 2004), y coautor con GTQ del libro El eje del mal es heterosexual (Traficantes de Sueños, 2005). Dirige la revista queer www.hartza.com. Actualmente trabaja en el Fondo Social Europeo.



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