La violación de la lectura

facebook fb icon  Edgar D. Santos

“Pues me gusta mucho leer”, y a mí me gusta mucho picarme el escroto con alfileres calientes mientras me masturbo.

Leer, en realidad, no es la gran cosa. Primer grado de primaria fue fácil porque nos la pasábamos leyendo y escribiendo. “Leer me la pela”, dijo ese compañerito promiscuo para las maldiciones y es que, de verdad, leer nunca fue difícil.

Durante una clase de italiano, la profesora orgullosamente italiana comenzó a hablar de La Divina Comedia de Dante Alighieri, diciendo que era una obra maestra, charalá, charalá; y que era intelectualmente (intellettualmente) tan compleja que un profesor le ayudó a terminar el libro.

Poco después me tocó ver a una chica leyendo, precisamente, el tan famoso libro de Alighieri. Fue en el metro un chorreante día de verano. El vagón estaba lleno de otras personas empapadas en sudor. Unos hablando, otros gritando. El imbécil con la música a todo volumen que para terminarla de chingar resultó ser banda, un niño chillando y un sinfín de molestos clichés urbanos que, lo quieran o no, siempre resultan odiosos.

Sin embargo, ahí estaba ella. Parada entre los demás sosteniéndose de un tubo con una mano y sujetando el libro con la otra. Ahora se les ve leyendo en lugares cada vez más novedosos: en las filas de la calle, mientras caminan o mientras cagan.

Claro, porque leerte a Alighieri, Shakespeare o a Rimbaud es algo tan sencillo que puedes hacerlo mientras te limpias el culo.

¿Qué no se supone que leer conlleva un cierto grado de concentración? Leer implica razonar, analizar, interpretar, aceptar y refutar información. Todo eso bajo el lente crítico.

Leer es una actividad que se debe realizar con el mismo esfuerzo con el que se va al gimnasio, no una actividad para matar el tiempo y parecer interesante.

Se lee sin saber leer. Y claro, nunca harán falta las editoriales y los autores que se aprovechen de esta situación y escriban cualquier pendejada y la enmarquen dentro de la literatura (¿qué chingados es la literatura?).

Un día se dijo por ahí que leer era importante y que se debía enseñar en todas las partes del mundo. Se nos enseñaba lo que era una letra, una oración, un cuento, un libro.

Después se nos fue dando qué leer. Esos cuentos con un final feliz de la primaria, esas maravillosas historias del mágico mundo de Disney, la sección de chistes del periódico (si alguna vez llegamos a leer algo de alguna otra sección del diario, le leíamos y, al desconocer tanta palabra rebuscada que de nada me servirá, mejor lo hacía a un lado y me quedaba con los cómics).

Leer, leer, leer. Leer es muy bueno. ¿Por qué? No lo sé, lo dicen en la televisión, la cual por cierto es mucho más divertida que un libro. Pero me gusta ese muchacho y se ve inteligente y no quiero parecerle un idiota. Le voy a decir que yo leo. ¿Qué leo? No sé, déjame busco autores de apellidos raros en Google.

Nit… Nite… Nitchi, ¿Nitche? Ah, Nietzsche.

Y peor aún cuando nos decidimos a leer el libro. Qué chingados tiene que ver mi papá con mi vida sexual, pinche Freud raro. Mi ano es exit only, o sea, no.

Aunque claro, así como leer es una actividad a la cual se le dedica tiempo y hay gente que posee un talento innato para la apreciación de la literatura, hay otras personas cuyas habilidades de lectura no son las mejores.

¿Qué? Hay gente que es buena cocinando y otra no, ¿por qué habría de haber diferencias a la hora de leer? Es que tú eres más inteligente que yo.

Las habilidades se pulen, se trabajan día con día. Nadie nace leyendo y mucho menos comprendiendo lo que sucede en su entorno.

¿En qué momento leer se manoseó y se usó como un término corriente y vulgar?

Sí, leer es algo que cualquiera puede hacer. Pero leer se puede convertir en algo así como cuando le enseñas a un cotorro a decir ‘te amo’: el simpático loro te dirá ‘te amo’ cada que te vea, pero puedes estar seguro de que éste no tiene ni la más mínima idea de lo que te está diciendo.

Lo mismo a la hora de leer: puedes poner a un niño en un concurso de oratoria a recitar a Saramago y todos quedarán impresionados, pero a la hora de preguntarle ‘¿qué comprendiste?’ lo más probable es que responda “¿eh?“.

Leer es bueno. Muy bueno. ¿Por qué? No lo sé, sólo sé que es bueno.


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