Marcha de la Diversidad, Monterrey, año 2015

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Recostado en el sillón, revisé la invitación para la Marcha de la Diversidad. Sentí frustración por no poder asistir. Y al mismo tiempo, me pregunté qué podía hacer desde casa. Es decir, el respeto a la dignidad humana, un valor fundamental para RegioGay, es un tema importante al cual podría aportar algo. Entonces me vinieron a la mente muchas cosas, sendos temas, y todos giraban en torno a una frase “no sabes nada de nadie si no te has puesto sus zapatos”.

Amar y buscar el bien

Iba camino a la Biblioteca José Vasconcelos. Tenía una cita a las diez de la mañana. Como había llegado una hora temprano, decidí tomar algo ligero, galletas, quizás un té. Me dirigí a la estación del tren. Justo en la entrada me encontré a una mujer.

Me pidió ayuda. La primera impresión fue que pedía dinero. Mi reacción fue pasar de largo, sin siquiera voltear a verla. Pero no pude. Algo me detuvo. Y me dijo. No te voy a pedir dinero. Quiero que me ayudes a llevar mi maleta hacia la estación del tren. Yo accedí. Llegamos a la estación y durante el trayecto escuché las historias más fantásticas, más maravillosas, y las palabras más sonoras y musicales en labios de una mujer letrada de unos ochenta años. Es hermoso cuando escuchas a una persona educada, pero divino cuando escuchas a un sabio.

Misericordia es una palabra que no solemos pronunciar hoy en día. La misericordia, me repitió la mujer, se refiere a muchos atributos. Misericordia es tolerancia, paciencia con los demás. Significa perdonar, buscar el bien en los demás y para los demás; no acumular la ira. La misericordia es realizar actos de bondad, amar y buscar el bien para alguien que te ha hecho daño y ahora desea rectificar ese daño (perdonarlo no es suficiente). Misericordia es recordar las buenas acciones de los demás y olvidar sus malas acciones. Es cuando sientes compasión por los demás, incluso por la gente malvada; cuando actúas con honestidad. Misericordia es actuar con bondad e indulgencia hacia los demás. Misericordia es ayudar a los demás a arrepentirse y no guardarles rencor; es buscar maneras de mostrar empatía y compasión a los demás, aunque no encuentres en ellos ningún factor favorable.

Esta mujer me habló de los gladiadores romanos. Me habló de canciones. De libros. De historias. En fin, me colmó de tantos pensamientos que parecía que todo el universo se posaba sobre su cabeza. Me despedí, ella se despedía y yo me despedía con un juego interminable. La mujer me dio las gracias, pero yo era el más agradecido. Había conocido la misericordia.

Un mundo donde quepamos todos

Leía la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, año de 1996, justo en la parte que versa “Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo”. Debo decir que no he superado el “para todos todo”, me duele la injusticia, me duele mi país. Y entonces lo grabo en mi frente, y prefiero ser el más utópico que seguir la corriente del egoísmo y la mezquindad. Un mundo donde abracemos la diferencia. Donde cada mujer y niña, donde cada hombre y niño tenga un lugar. Para todos todo.

Ni tan buenos ni tan malditos

Aristóteles creyó que el bien supremo del hombre es la felicidad. Ésta es la máxima virtud. Es necesario partir de la experiencia y de los hechos para alcanzar el máximo grado de perfección y virtud en cualquier actividad. De este modo, se alcanza la felicidad o la bondad, a la que se llega por muchos caminos, tantos como sean las experiencias humanas. El bien es lo que cada uno ama, lo que le hace feliz. Para ello habría que hallar el justo medio. Sin excesos, ni de poder, placer, o reconocimiento. Quien iba en uno u otro extremo sufría las consecuencias. Entonces la felicidad podría ser ese equilibrio.

Luego en La isla de los pingüinos de Anatole France, me topé con una teoría muy interesante: ¿qué pasaría si todos los habitantes del mundo fueran buenos? Y ¿qué si todos fueran malos? Y entonces nos invita a darle a cada uno lo que merece, lo necesario para su desarrollo, nos exhorta a saber que los sojuzgados dejarán de ser un día buenos y a los déspotas les será arrebatada la maldad porque no le pertenece a nadie. Entonces, cuando se halle un equilibrio todos viviremos felices.

Mientras estemos vivos

Mientras estemos vivos, dijo Karen Berg, tendremos necesidades, deseos, aspiraciones y orgullo. La pregunta que tenemos que hacernos es ¿qué vamos a hacer con nuestro orgullo? ¿Vamos a exhibirlo de una manera que nos haga sentir superior a otros? ¿O lo usaremos para empujarnos hacia adelante? ¿Convertiremos el orgullo en humildad y trataremos a otras personas y trabajaremos con ellos con una mente abierta? Si hoy hay una Marcha de la Diversidad, si hay un Orgullo Gay, es que antes hubo vergüenza y culpa, significa que antes hubo dolor y violación a los derechos humanos, hubo muerte, estigma, discriminación. Y entonces hoy hay visibilidad de las diferencias y recuperación de derechos. Hoy demandamos un mundo donde quepan muchos mundos, donde todos seamos mejores personas y más felices.


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