Carta a un amigo

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Amigo, hoy he sobrevivido el primer año sin ti. Parece que todo tiene un poco menos de color desde que te fuiste. Todos me dijeron que debo ser fuerte. Lo que no sé es qué significa eso en realidad. Si es no llorar por tu partida o hacer como que la vida sigue como siempre.

Me dicen que soy muy fuerte, como si en realidad tuviera opción. Fui el apoyo de tu mamá, de tu pareja, de tu suegra. Tuve que ser la roca en la que se recargaron cuando flaqueaban. No importa, lo hice por ti. Sé que te da gusto que aún en la muerte sigo siendo tu amigo y estoy ahí en los momentos difíciles.

No pude llorar, no me dejaron. Todo el tiempo hubo interrupciones que impedían que sacara lo que sentía dentro. Era como brea caliente en el pecho. Amenazaba con acabar conmigo.

Ésta semana he tenido que revivir la pesadilla de hace un año, las noches de desvelo, los días en el hospital, la espera, las oraciones para que mejoraras, la esperanza de escuchar tu voz llamándome putarraca superútana. La llamada más fea y temida que he recibido en mi vida: escuchar que estas a punto de irte. Manejar en la noche sin saber si pedir que vuelvas a mi lado o que al fin dejes de sufrir. Sentimientos encontrados, egoísmo puro sabiendo lo mucho que luchabas por tu vida y la agonía que representaba.

Pasó, te fuiste. ¿Y ahora qué? Ahora la danza del funeral. Honestamente no tengo idea cómo fui a trabajar en la mañana a la empresa y en la tarde a dar clases. Sólo recuerdo dos cosas: la gente diciéndome lo pálido que me veía y el reloj que por primera vez corría hacia las ocho y media por más que le rogaba que el día laboral no terminara para no ir a velarte.

Llego con mi pareja al sepelio y comienza el ritual. Lo bueno que no te voy a ver hasta el final por mi propia salud mental. Me ve tu madre y me jala a verte. Toda la realidad se estrella conmigo al momento de verte. Pude hacerme tonto todo el día pero verte ahí quieto, callado tras el vidrio es el momento que la soledad llegó a mi corazón y mi mente pudo comprender la verdad que tanto alejé: estabas muerto.

Amigo, si me mataba la idea de tenerte alejado unos días, ni puedo comenzar a describir lo que sucede ahora que no estas a una llamada de distancia. Toparme contigo fue destino. Nos encontramos en el momento más oscuro de nuestra existencia, unidos por Anne Rice y sus crónicas vampíricas. Bien lo dijiste, los dos estamos solos, incomprendidos y con el corazón roto. Justos bailamos en la oscuridad y nos rescatamos mutuamente del lugar donde nos encontramos. Nos protegíamos hasta de nuestra propia estupidez y nos echábamos de la madre abiertamente. Reíamos como locos y llorábamos como nenas sin miedo. Tan parecidos que daba miedo. Nunca en la vida me sentí tan protegido y aceptado.

Tus secretos mis secretos y tus enemigos mis enemigos. Tu abrazo incomparable y tu forma tan chistosa de leer mis escritos te hacen único. Todo lo que me contaste y lo que no te atreviste a contarme por miedo a que me alejara, al final no hicieron diferencia, te amaba igual.

Cada canción me recuerda a ti, cada película. Incluso me visitaste en sueños y te pedí que te fueras para no volver a vivir la experiencia de perderte. Te juro que la segunda vez no la sobrevivo. Ha pasado un año y aún tu nombre me hace llorar. Y luego me río como estúpido y vuelvo a llorar.

Tengo la suerte de que mis últimas palabras hacia ti fueron que eres el mejor amigo que he tenido en mi vida. Siempre nos dijimos lo que sentíamos en el momento y eso es algo que agradezco. Siempre escucho de gente que quisiera haber dicho a sus seres queridos que los amaban, yo sí pude hacerlo.

Gracias amigo por el tiempo que estuviste conmigo, por darme un hermano y un amigo. Por ser la persona más bella que he conocido. Por ser mi roca. Por abrazarme y por insultarme cuando andabas en uno de tus humores. Por compartir el mundo de los libros conmigo y por ayudarme a atacar la soledad que era parte de mí y alejarla para siempre. Hazme un favor: si te da por venir a jalarme las patas, vete mejor a la fregada y déjame dormir, estoy seguro que aún no se te quita lo travieso…

 

“En éste tiempo, los días parecen tan oscuros,

la luna, las estrellas no son nada sin ti,

tu tacto, tu piel, ¿por dónde comenzar?

no hay palabras que describan cómo te extraño,

negar el vacío, el abismo que en que me encuentro,

éstas lágrimas cuentan su propia historia,

me dijiste que no llorara cuando ya no estuvieras,

pero el sentimiento es abrumador, es demasiado fuerte,

te estoy buscando, ¿escuchas mi llamada?

éste dolor que he vivido, te extraño como loco…”

Sam Smith “Lay me down”.

“Amigo: qué palabra tan extraña. Envuelve tantísimas cosas, tantos matices y emociones que aún le busco su completo significado”.

Victor Moreno.

 


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