«Un corazón normal», una mirada divertida, interesante y crítica sobre la forma de vida gay

pag_staff_face César Tovar

Este fin de semana llegó por fin a Monterrey la puesta en escena de «Un corazón normal», luego de enfrentar los intentos de censura para la producción, que al contrario de lo que buscaban sus detractores benefició a la misma dando más publicidad.

La temática principal de la obra es la situación y lucha del colectivo gay lucha contra la epidemia del entonces desconocido VIH/Sida a principios de la década de los 80, cuando lo único que se sabía al respecto era que existía una enfermedad mortal que afectaba exclusivamente a homosexuales.

Sin embargo, a pesar de ser su principal línea argumental un suceso histórico que marcó grandemente a la comunidad gay, los dilemas de los personajes resultan ser increíblemente actuales, que al día de hoy muchos hombres gay nos planteamos (y si no es así, deberíamos planteárnoslos), sobre todo en lo que concierne a las vueltas y piruetas de la contradicción por querer encontrar una relación estable al tiempo que disfrutamos de un medio donde se promueve el sexo en serie; así como la dificultad de socializar en contextos donde se sobreexplota el tema del sexo, en lugares prácticamente segregados y en muchos casos hasta clandestinos.

Si bien el sexo es uno de los temas protagónicos de la obra, en ningún momento se cae en la tentación de presentar contenido sexual que rayara en lo pornográfico solo como un gancho para atraer público, algo que comúnmente suele hacerse en espectáculos dirigidos a la comunidad gay.

El problema principal del protagonista es el cómo hacer que la comunidad de varones gay deje de tener sexo sin precaución para de esta manera salvar sus propias vidas, lo que implica ir en contra de uno de los pilares sobre los cuales el gay de ese entonces y aun ahora suele basar su estilo de vida: la libertad sexual; por lo que es visto como un represor de la revolución sexual y como un loco conservador y moralista que pretende decirle a los demás como deben vivir su vida.

Otra cosa que destaca de la obra es que en ningún momento sus personajes caen en estereotipos. La diversidad que hay dentro de la comunidad gay está excelentemente representada en la obra, por una parte en la personalidad de los personajes, pues las posturas de cada uno de ellos hace que se armen discusiones que debieran tenerse aun hoy en todos los círculos de amistad gay; y por otra parte en el físico de los actores pues aunque guapos, ninguno cae en los prototípicos estándares de belleza actualmente impuestos sobre los hombres gay.

Pero sobre todo, creo que lo principal que deja la obra (y lo que llega a sacar un considerable número de lágrimas) es el transmitir la sensación de terror que había en la comunidad gay cuando la epidemia del VIH/SIDA comenzó, esa terrible situación de ver como tu círculo de amigos se iba reduciendo cada vez más por el hecho de que uno a uno tus amigos más cercanos iban contrayendo la enfermedad y muriendo, al tiempo de sufrir la impotencia de enfrentarte a algo que en ese entonces era prácticamente desconocido y peor aún, ignorado deliberadamente por las autoridades medicas y políticas.

Afortunadamente, las nuevas generaciones no vivimos tan crudamente la realidad de la epidemia del VIH/SIDA, pero lamentablemente esto nos puede hacer caer en el error de verlo prácticamente como un mito, o como una terrible historia que “los mayores” usan para asustarnos; postura que aunada a la tan celebrada libertad sexual que poseemos nos expone a los peligros que conlleva el contraer este virus.

Por todo lo anterior, «Un corazón normal», además de ser una obra divertida e interesante que se puede tomar como una mirada crítica a la forma de vida gay actual (o no tan actual) y una forma de reivindicar la diversidad en todos los aspectos que hay dentro del colectivo gay, es activismo puro en cuanto a sensibilizar a las nuevas generaciones sobre lo que la epidemia del VIH/SIDA implica.


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