Cuatro Lunas (8.5/10)

pag_staff_tw pag_staff_inst Xaúl Sandoval

«Simplicity is the ultimate sophistication»
Leonardo da Vinci

El sentimiento generado cuando esa persona que te interesa te toma de la mano es  un sentimiento universal. Esa cascada de emociones positivas que barren tu ser en un escaneo progresivo de alta definición ha sido experimentada por una innumerable cantidad de personas alrededor del mundo y, a pesar de eso, cada uno de estos momentos es único e irrepetible.

Para agregarle un nivel más de emoción a este simple pero significativo evento, retratémoslo en un escenario con personajes homosexuales que no han decidido del todo salir del armario y quienes sostienen sus manos por debajo de una mesa manteniéndose en las sombras de las miradas inadvertidas de los presentes. Esa emoción, ese temor, ese momento en el que tocas el agua de la piscina con tus dedos del pie para decidir si entras o no. Nada más efectivo para crear un momento memorable que barnizar cada segundo de él con una capa de adrenalina.

Cuatro Lunas es una cinta llena de estos pequeños momentos que si bien pudieran categorizarse como simples, la forma tan natural en que son presentados logra permear en el espectador y tocar cada una de sus fibras.

Esta cinta mexicana dirigida por Sergio Tovar Velarde nos presenta cuatro distintas historias de amor y aceptación entrelazadas en el México actual en donde la homosexualidad está en camino de ser socialmente aceptada pero aún cuenta con obstáculos y paradigmas que sobrepasar. Nuestro México esperanzador.

Tenemos a un pequeño niño, Mauricio, interpretado por Gabriel Santoyo, quien inocentemente va descubriendo su sexualidad y es atormentado por los miedos naturales que esta etapa conlleva, mientras se desenvuelve en el escenario familiar bajo el cobijo del cariño de su madre (la siempre magistral Karina Gidi) y el miedo y rechazo de su padre (Juan Manuel Bernal).

Asímismo se nos muestra a Fito (César Ramos), un universitario que se reencuentra con Leo (Gustavo Egelhaaf), un amigo de la infancia con quien restablecerá una relación que empieza a desarrollarse más allá de la camaradería. Juntos librarán una batalla de aceptación personal en conjunto con la difícil búsqueda de la aceptación en sus respectivas familias.

De igual manera, el entrañable guion de Sergio Tovar Velarde, nos dibuja una pareja aparentemente estable pero evidentemente desgastada por el transcurso de los años. Alejandro de la Madrid y Antonio Velázquez interpretan a Andrés y Hugo, respectivamente, quienes tienen que lidiar con la apatía, la clara erosión del amor y la subsecuente incertidumbre producto de una infidelidad.

Por último, Alonso Echánove da vida a Joaquín, un poeta de avanzada edad quien escapa de su rutina diaria visitando saunas frecuentados por homosexuales. Es aquí donde conocerá a Gilberto (Alejandro Belmonte), un hombre que ofrece favores sexuales a cambio de dinero y quien se convertirá en el objeto de su deseo.

Estas cuatro historias utilizan las cuatro fases lunares como analogía para ejemplificar el estado emocional de los personajes cuyos relatos son entretejidos en un ritmo dinámico gracias a una edición que fluye de forma natural durante el transcurso del filme.

En esta producción llena de actuaciones sólidas, destaca la pequeña pero importante participación de Monica Dionne (Sexo Pudor y Lágrimas) como Aurora, la madre de Fito, quien se muestra en etapa de negación ante las preferencias sexuales de su hijo y quien nos regala una de las escenas más memorables de la película. Me atrevo a sugerir que, quien no llore en esta escena, debería ir haciendo cita con un psicólogo para revisar su capacidad de empatizar con otros seres humanos.

En un solo gran paquete de pequeños ejemplos, Cuatro Lunas nos otorga el descubrimiento, la aceptación, el amor, el desamor, el sufrimiento, el arrepentimiento y la esperanza. Elementos que trazan la vida de toda persona, independientemente de sus preferencias sexuales.

Sin caer en el morbo y evitando cimentarse en la sexualidad, esta película nos muestra relatos de humanidad. Personajes comunes y corrientes que todo miembro de nuestra sociedad debería tomarse el tiempo de conocer. Es la simplicidad de estos personajes y sus eventos la que trasciende ante los ojos de la audiencia y permite transmitir el importante mensaje de que todos somos humanos que reimos, que lloramos, que amamos y sentimos y que es precisamente este amor el común denominador en nuestro mundo.

Con un score tan sutil como armonioso y un soundtrack ejemplar, este filme dista de ser un drama con el afán de victimizar a sus personajes y termina por ser la feel-good movie que México necesitaba y que nadie debería perderse.


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