“Me rompió el corazón”

fb _icon Àlex Hdz.

Si tuviera tal poder, haría que todo mundo dejara de utilizar esa frase, la borraría de sus memorias; iría hasta las raíces de su sintaxis y la desfragmentaría para que perdiera sentido. Por lo pronto comenzaré compartiendo esta opinión personal, aclarando que no quiere decir que sea una verdad absoluta; como es lógico, hablaré simplemente desde mi experiencia. ¿De dónde más, verdad? Espero les aporte una nueva y mejor comprensión.

Supongo que la idea se originó de esa sensación de malestar o angustia que sentimos en el área del pecho cuando nos enfrentamos a una pérdida, como un vacío; y del hecho de que atribuimos al corazón como el origen de las sensaciones y emociones relacionadas al amor. Entonces decimos que cuando alguien a quien “amamos” decide no amarnos más (sea cual sea la forma en que nos lo haga saber) y sentimos feito en el pecho, es que seguramente con su desamor nos rompió el corazón el muy condenado.

No lo sé, el chiste es que tenemos esta idea tan arraigada a nuestro lenguaje cotidiano: la escuchamos seguido en las películas, en las novelas, en nuestras pláticas con nuestros amigos, hasta canciones; que no nos detenemos a analizarla y ser conscientes de las repercusiones que conlleva. De hecho creo que lo único a lo que nos lleva el utilizarla tan inconscientemente es a prolongar el sufrimiento de la ruptura, a hacer más difícil el duelo; nos aleja de ver con claridad y nos deja en una postura poco capaz de tomar acción.

Alguien muy sabiamente, alguna vez me dijo: “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Efectivamente, y creo que ese sufrimiento no es más que una emoción que resulta de los juicios negativos que adjudicamos a una ruptura; pero sobre esto hablaré en otra ocasión.

Hoy toco este tema porque últimamente me he topado con varios artículos o notas que hablan sobre lo mismo y desarrollan toda una opinión victimista llena de resentimiento y rencor hacia aquél malhechor de tal atrocidad, culpable del sufrimiento interminable del supuesto afectado. Y pues, quise externar mi punto de vista también. La misma frase me la han dicho a mí y yo también en algún momento pasado de mi vida dije “…me rompió el corazón”. Pero después, la experiencia me enseñó que estaba equivocado. ¡Y qué fortuna!

Nada más por eso, porque ahora lo sé, es que hoy puedo insistir: nadie te rompe el corazón. De hecho no es el corazón lo que se rompe, son tus falsas ilusiones. Y es algo que siempre les recuerdo a mis amigos cuando vienen a pedirme consejo o apoyo ante una ruptura. Procuro hacerlos conscientes de esto, porque al hacerlo se dan cuenta de la realidad de las cosas y retoman el poder sobre sí mismos y sobre la situación. De lo contrario, siguen sintiéndose como una simple víctima incapaz de salir del infierno en el que se encuentran.

Te explico más a detalle: todo está en nuestra mente, en nuestro ego. Nuestro ego, por supuesto, detesta las situaciones incómodas, sentirse inferior, fracasar, ser rechazado, etc. Es un miedoso. Evita a capa y espada imaginar siquiera escenarios en los que sufriría cualquiera de estas emociones; sin saber que en su intento, provoca precisamente lo contrario.

Cuando no somos conscientes de esto, en nuestra mente inventamos historias de cómo nos gustaría que fueran las cosas, de cómo nos gustaría que se dieran ciertas situaciones, y más grave aún: cómo nos gustaría que fuera, se comportara y reaccionara una persona, nuestra pareja. Y nos encanta. Lo cabrón está en que no solamente lo imaginamos, sino que lo damos por hecho, lo vemos como una realidad y nos aferramos a que así debe ser. Todo debe encajar perfectamente con las invenciones que nos hacemos a cada momento en nuestra mente y punto. De lo contrario, cuando algo no coincide con lo que esperábamos, es el fin del mundo.

¡Pues te tengo dos noticias! La primera: tus ilusiones no son nada más que eso, ¡ilusiones! No son una realidad, son un invento de tu mente. Y la segunda: nada en esta vida está diseñado para ser como esperas que sea, nadie vino a este mundo a cumplir tus expectativas. Antes que eso, están las suyas. Que algunas veces coincidan o que por tu dedicación, conexión o tus acciones las cosas se alineen y resulten como lo esperabas, es una cosa; pero de entrada, todo lo que te inventas en tu mente es asunto tuyo y sólo tuyo. Y no está mal, es humano, creo que nadie se escapa de ello. Lo que creo que no sirve es darlo por hecho, asumirlo como una realidad irrefutable.

Caemos en este error porque para nuestro ego representa algo seguro, un escenario en el que estamos a salvo y todo es felicidad y color de rosa. Entonces, nos apegamos a la idea. Esa idea luego la traslapamos con la persona y la relación en cuestión, y así nos la llevamos mientras la realidad coincida con nuestra invención. Hasta que un día a la otra persona, en su muy válida libertad, se le ocurre elegir un camino que no coincide con el que ya dábamos por hecho. Entonces se desmorona nuestra “realidad”, se frustra nuestro apego, se pierde la seguridad que nos brindaba, en fin: se rompe la ilusión. Y mientras más grande es el apego, más fuerte es el golpe.

¿Y qué hacemos a continuación? Comenzamos a disparar una serie de juicios negativos tanto a lo que acaba de ocurrir, como a lo que supuestamente vendrá por la pérdida de aquello a lo que nos habíamos apegado tanto. ¿Cuál creen que es el resultado final? Claro, una serie de emociones negativas que corresponden a los juicios que acabamos de emitir. Y por si fuera poco, también los hacemos hacia la persona en cuestión. Lo condenamos y lo convertimos en el gran culpable de nuestra desgracia. No nos damos cuenta, que al hacerlo, le estamos concediendo total poder y control sobre nuestro estado emocional de ahí en adelante.

“¡Tú me rompiste el corazón, y por tu culpa ahora sufro!”

Y sí, el motivo de la ruptura pudo haber sido algo fuerte como una traición, una mentira o un engaño grave; tal vez esa persona rompió una promesa importante o cometió una atrocidad imperdonable. O simplemente decidió que ya no quería continuar con la relación, fin. Pudieron haber ocurrido muchas cosas. Sea lo que sea dejémoslo de lado, porque al final de cuentas, así como tú en tu libre albedrío lo pudiste haber hecho también, pues él en el suyo lo hizo. Y válido. Su vida, sus decisiones. Tu vida, tus decisiones. No importa. Lo importante aquí es volvernos conscientes de por qué nos sentimos como nos sentimos y cómo vamos a manejar la situación para recobrar el poder sobre nosotros mismos, dejarnos de hacernos las víctimas y vivir un duelo menos doloroso, superarlo más rápida y fácilmente, y que hasta nos abra posibilidades de crecimiento. Eso es a lo que te quiero llevar con todo esto.

De hecho creo que todo quiebre (entiéndase por quiebre cualquier situación inesperada que interrumpe nuestro curso natural y nos saca de lo que teníamos esperado que sucediera), en especial los negativos, tarde o temprano nos llevan un aprendizaje o una ganancia, nos hacen crecer. A veces no es inmediato, a veces ni si quiera es visible desde la emoción, pero estoy seguro que al final como cualquier experiencia, siempre nos aporta algo. Depende de nosotros ser lo suficientemente inteligentes para ver esa cara de la moneda y elegir quedarnos con ella.

Y creo que esa es la clave. No, de hecho sé que esa es la clave. Nuestra habilidad para ver de diferentes ángulos la situación y poder cambiar esos juicios negativos que hacemos a juicios positivos, juicios de posibilidad y crecimiento. Es difícil porque regularmente esto lo hacemos en milésimas de segundos –nuestro ego es muy ágil y escurridizo–, mas no es imposible. Les habla la voz de la experiencia. Pero para facilitar este proceso, es imprescindible que primero seamos conscientes de lo que les comenté hace unas líneas: nuestras ilusiones no son más que inventos de nuestra mente, inventos que no existen, son mentira y sólo nosotros conocemos.

¡Y qué bueno que sólo nosotros los conocemos! Imagínense si todos pudiéramos leer la mente de los demás y conocer sus ilusiones y expectativas; ¡sería un caos! Uno peor que el que ya hay. O imagínense que todo resultara como lo esperamos y todas nuestras expectativas se cumplieran tal y como las imaginamos, ¡qué aburrida sería la vida! No habría si quiera oportunidad de crecer.

Seamos conscientes. Bajémonos de la nube de nuestras ilusiones y disfrutemos el viaje de lo real. Con todo y sus altibajos. No nos victimicemos. Porque luego, también en ese vivir en la nube, no nos damos cuenta que le robamos su subjetividad a nuestra pareja y la volvemos objeto de nuestras ilusiones. Pasa de ser alguien libre y autónomo a ser simplemente algo, un objeto que debe actuar y responder de acuerdo a mis fantasías. A la larga, comenzamos a tratarlo como una posesión que encerramos en la prisión de nuestras ilusiones y recordemos que todo lo que se reprime tarde o temprano termina por frustrarse y explotar.

Anyway, los invito a que si recientemente tuvieron una ruptura y se encuentran en duelo, o si en un futuro les llegan a “romper su ilusión”, se detengan un momento y reevalúen los juicios que están haciendo desde una postura responsable, sin culpar ni al otro ni a uno mismo. Creo que para cada situación siempre hay un juicio positivo, independientemente qué tan grave pudo haber sido. Por ejemplo, si te pusieron el cuerno, antes de verlo como una ofensa o una traición o lo que sea, ¿por qué no verlo como un favor que te hicieron? Gracias por demostrarme que tu compromiso conmigo no era el que me merecía, ¡suerte a la próxima, deja la puerta abierta! No sé, es un ejemplo burdo, tú sabrás qué juicios te servirán mejor, pero siempre hay algo que agradecer. A juicios positivos y de crecimiento corresponden emociones positivas.

Muchos me dirán: ¿Cómo puedes dejarte pisotear de esa manera? ¡Eso faltarse al respeto a sí mismo! etc. Yo les digo: ¡Mucho éxito pensando de esa manera! Luego me cuentas qué tal te fue con el duelo. Al contrario, yo creo que te faltas más al respeto y trasgredes más tu propia integridad cuando en tu inconsciencia cedes tal poder sobre ti a otra persona o a cierta situación. Créeme cuando te comparto que mientras más responsabilidad tomes sobre tus pensamientos, acciones y emociones, más libre te sentirás, porque ya no dependerás de alguien o algo más, si no de ti y nada más de ti. Haz la prueba, funciona igual para muchas otras situaciones, si no es que para todas. Una maestra budista me compartió una vez: “ningún fenómeno tiene significado ni sentido inherente más que el que nosotros le damos”… Nosotros somos los únicos responsables de otorgarle valor y significado a las situaciones que enfrentamos. Poderosa herramienta, ¿no creen?

Para concluir les comparto un texto autoría de Fritz Perls, el padre de la terapia Gestalt, el cual llevo grabado en mi ser desde que lo conozco por el poder que lleva en sus líneas:

Yo soy yo y tú eres tú
Yo no estoy en este mundo para vivir de acuerdo a tus expectativas
Y tú no estás en este mundo para vivir de acuerdo a las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Y si por casualidad nos encontramos y coincidimos, es hermoso.
Si no, no puede ser remediado.
Falta de amor a mí mismo, cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falta de amor a ti, cuando intento que seas como yo quiero.
En vez de aceptarte como realmente eres.
Yo soy yo y tú eres tú.


2 pensamientos en ““Me rompió el corazón””

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