Pompeya… un abrazo eterno.

Muchos hemos escuchado hablar de Pompeya y su trágico final, en la imagen que se muestra a continuación vemos los cuerpos desnudos de un hombre y de una mujer, abrazados. La mirada puede detenerse en ellos o también apartarse. Esa reacción dependerá de muchos factores. La mirada pertenece a la persona y también la refleja o la muestra.

abrazo de pompeya

En la imagen puede observarse el abrazo último con el que un hombre y una mujer se despidieron de la vida en Pompeya. El abrazo eterno ha quedado inmortalizado para la posteridad. El sentido de ese abrazo sólo ellos podrían desvelarlo. ¿Eran marido y mujer? ¿Eran amantes? ¿Eran dos personas que ante la presencia de la muerte sintieron despertar el instinto ancestral? Para mi es una muestra de que sí existe el «te amaré hasta que la muerte nos separe» y aun así estas dos personas quedaron unidas en un eterno abrazo.

El acto conyugal es el principal signo de las nupcias. Pero también es un símbolo cósmico, un acto humano que tiene su propio significado. En el acto conyugal el esposo y la esposa realizan un símbolo cósmico y asumen los significados que en él se encuentran contenidos. Todo acto sexual debería ser conyugal. Si no ocurre así, eso se debe a que el hombre y la mujer pueden verse movidos por la pasión o por otras razones y a permitir que sus cuerpos aparezcan así, desnudos y entrelazados, a pesar de que que entre ellos no haya ninguna relación afectiva o, por lo menos, conyugal.

Una de las carencias más significativas de nuestra cultura es precisamente la ausencia de una definición de acto conyugal en los diccionarios y enciclopedias. El símbolo del que estamos hablando de ninguna manera significa ya la entrega de dos personas, sigue siendo un simple abrazo… un abrazo eterno. Lo único que podemos hacer es limitarnos a describir lo que vemos, a presumir que han realizado una cópula y quizá, atendiendo al contexto, suponer que se pueda tratar de marido y mujer.

En la vida humana el acto sexual tiene un sentido que no es convencional. Todas las culturas reconocen este sentido y a su manera lo custodian y lo promueven culturalmente, con más o menos éxito. El acto conyugal es el coito o cópula mediante la que los esposos expresan cabalmente el amor y la relación que les une. Ésta debería ser la definición de este acto que expresa toda la riqueza contenida en la relación y en el amor conyugal.

El acto conyugal es un símbolo sagrado. En nuestra cultura occidental esta sacralidad se manifiesta de manera negativa: es el gran ausente. Una cultura pansexual que tiene definiciones para todo fenómeno que se produzca en ese ámbito, carece de una definición para designar lo que debería ser lo más normal: que cuando viéramos los cuerpos desnudos de un hombre y de una mujer abrazados supusiéramos que se trata de los cónyuges. Al definir positivamente todos los actos sexuales que no son conyugales, implícitamente se está confirmando, en definitiva, que esos actos no son buenos ni verdaderos, sino que suponen la falsificación de la realidad del amor.

¿Amantes? o ¿marido y mujer? será una duda eterna, pero algunos seguiremos viendo siempre en esta imagen el resultado del amor.

«La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos».


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