No le temas al pecado. Capítulo 1: La tentación no juzga al cliente

Miss Monsoon

-¿Te gusta?

-Es atractiva.

-Cógetela.

-¡¿Qué…?!

-Que vayas y te la cojas.

-Pero…

-Siempre te han gustado las pelirrojas…

-Amor…

-Si te gusta, y crees poder eludir tu culpa y volver conmigo a dormir esta misma noche, ve a acostarte con ella. No te dirá que no, se le ve en la cara lo puta que es, y ha estado viéndote toda la noche. Y tú a ella…

-No sé de qué estás hablando, Alida…

-Hablo de que si después de acostarte con ella, pierdes el interés y la sacas de tu mente, (y de tu entrepierna), me habré librado de una carga, y volverás conmigo, como el hombre del que estoy enamorada. Yo te estaré esperando en nuestra casa, en nuestra habitación, en nuestra cama. Y no te preguntaré nada al respecto.  Mi única condición es que no duermas con ella, quiero verte a mi lado al despertar.

-¡No puedo creer lo que estás diciendo! Yo sería incapaz de acostarme con alguien que no seas tú. ¡Eres mi novia! ¡Te amo!

-Y yo te amo a ti. Tomaré las llaves del coche y te dejo dinero suficiente para el taxi de regreso. Y… cuídate.

 

Me da un beso fugaz, de esos que no te dan tiempo de reaccionar, toma las llaves del coche y se va del bar.  Deja mi mente hecha un lío; ¡¿qué demonios acaba de pasar?! Analizo sus palabras, una vez más, ahora con calma… ¿dónde está el truco? ¿En verdad quiere que me acueste con esa mujer? Es atractiva, no hay duda de eso. Está justo como me gustan: cintura pequeña, pechos firmes, seguramente se ajustarían perfectamente al tamaño de mis manos, y ese trasero… pero… ¿en realidad estoy pensando en esto…? Ella es mi novia, y la amo, y el amor no es algo que me suceda muy a menudo… pero una oportunidad así tampoco… Alida tiene razón… a pesar de que la pelirroja vio que estaba con ella, no me ha quitado la vista de encima en toda la noche, y no ha desaprovechado una sola oportunidad para mostrarme su exquisito cuerpo cada vez que se levanta, se mueve y camina hacia la barra… ¿Cómo notó Alida que yo estaba viéndola también? ¿Tan obvio fui? ¿Qué habrá sentido ella…? ¡Demonios! Soy un imbécil… no merezco que me aguante tanto… necesito otro trago. Levanto mi mano para llamar la atención de la mesera, pero quien acude a mi llamado es ella, la mujer que Alida me había puesto en bandeja de plata…

-Hola- me dice con voz casi inaudible, seductora, parada junto a la silla que apenas hace unos momentos había dejado Alida. Que aroma… -¿Puedo sentarme…?

¿Puede…?

——

Llego a mi casa alrededor de las 5 de la mañana, unas horas antes de que Alida  despertara. El perro del vecino no para de ladrar, parece que desea que todo el vecindario se entere de que he llegado muy tarde (o muy temprano) solo, sin mi mujer…

Cuando entro a la casa, volteo a la derecha y veo los zapatos azules con tacón exageradamente alto que Alida llevaba puestos, justo en el lugar en el que siempre los arroja recién entra a la casa, su casa, nuestra casa. Mantiene su porte todo el tiempo frente al resto del mundo; no importa el lugar donde estemos, ella es una dama; jamás se queja de cansancio o sueño, sonríe siempre y es amable y atenta hasta con quien no lo es con ella; pero en cuanto cruza el umbral de la puerta de nuestro hogar, se deshace de las ilusiones: 13 centímetros menos, lo cual nos deja con una  risueña columnista de 1.59; adiós accesorios para el cabello, y deja andar salvaje su melena castaña hasta la cintura; acto seguido, se ve en el espejo del baño y se deshace de todo el maquillaje que oculta su suave y tersa piel… ¿cuándo entenderá que es mucho más bella al natural?

Entro a la habitación y la encuentro dormida, de costado en dirección a la ventana que tiene vista directa al patio. No enciendo la luz para no despertarla, pero no hace falta, a pesar de que mi vista se nubla un poco a causa del exceso de alcohol que acabo de ingerir; su silueta desnuda se me presenta perfecta recostada en la cama, debajo de la sábana, cubierta por la luz tenue de la Luna que aún no se retira para cederle el paso al Sol. Creo que en 2 años y medio de relación, no había notado de esta manera su perfecta figura: espalda recta y tersa, que termina en un arco perfecto formando un hueco donde mi mano embona a la perfección al tomarla por su estrecha cintura, justo antes de empezar esa cadera prominente que ella suele ocultar debajo de sus vestidos; su trasero, me enamoré de su trasero antes que de ella; alguna vez se lo confesé, y ella sonriendo dijo que siempre lo supo, y me besó;  siempre ha sabido leerme a la perfección, como a uno de sus libros; sus piernas grandes, pero delicadas y torneadas, esas fuertes piernas que tantas veces han rodeado mi cuerpo en más de una posición… Es perfecta, no lo había notado hasta ese día, pero ella es perfecta, y está aquí, en mi cama, nuestra cama, esperando por mí, sólo por mí. Y yo llego así, después de haber estado con…

 Me acerco a la cama y me quito los zapatos, el saco, la camisa y el pantalón… ¡hace un calor infernal! Levanto sólo un poco la sábana para no incomodarla mientras duerme, y me meto en la cama. Unos momentos después, ella se voltea hacia mí, con los ojos aún cerrados, y se aferra a mi pecho. La beso en la frente, y ella me pregunta si me he divertido. Le deseo buenas noches, y caigo en un profundo sueño.

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