Pies descalzos

Mundano Insano

Siempre he estado a favor de los derechos humanos, de las personas en situación de vulnerabilidad, de los grupos de defensa de los derechos de los animales y en general cualquier causa a favor de ayudar a los demás y como buen dude homosexual no me podía quedar atrás y no asistir a la marcha a favor de la diversidad sexual. Ya tenía todo listo, mi pequeño disfraz con una corona multicolores, había invitado a varios amigos y tenía todo el itinerario preparado.

Habían pasado semanas y la búsqueda de un roomie se estaba complicando, muchos prospectos pero ninguno se veía seguro y de confianza, o peor aún no eran lo suficiente open para tener un compañero gay en el depa o de plano nada más no podían seguir una simple instrucción que era: ¡mantener limpio el lugar y no poner alto volumen de la música después de las 22:30 horas! Así que decidí relajarme un poco y salir de reventón. Una noche, un dude muy buen amigo mío, compañero de borracheras y de encuentros ocasionales me invito a una pequeña reunión con todo su “equipo de trabajo”; buenos amigos de él de toda la vida, y dice – ¡esto se va a poner bueno!- así que yo, ni tardo, ni perezoso decidí acompañarlo a la prometida reunión.

Llegamos y solo había 4 chicos; dos parejas, así que pensé –esto será muy tranquilo-, no habría problema, todo comenzó bien, platicábamos, tomábamos tragos de un muy buen mezcal; mientras ellos se decidieron por unos cortes de carne para la cena, yo elegí unos hongos portobello en salsa barbecue ¡delicioso!. La noche transcurría con tranquilidad; risas, música, pláticas, comida, etcétera; hasta que uno de ellos dice – ¿y si jugamos a la botella?-, yo estaba un poco pasado de copas y mi primera reacción fue soltar una carcajada y decir – ¡eso como en la secundaria! Ya somos adultos ¡por favor!- y me responden pues no sería mala idea, para que te vuelvas a sentir l’enfant terrible con tus preguntas raras –reí- y pensé –es cierto- así que acepté y comenzó el famoso juego.

Al principio estaba un poco aburrido, preguntas sencillas, retos absurdos; hasta que ya entrados aún más en copas llegaron los retos de tomar shoots de mezcal y tequila al no responder preguntas personales o cumplir algún reto gracioso, reíamos y todo estaba bien, hasta que uno de los dudes presentes puso de reto: ¡bésalo a él! (el novio del presente), entonces me quede serio y pensé –ellos son novios, definitivamente esto se va a poner denso y van a salir de pleito- pero no fue así; resulto que ellos tenían una relación abierta. El chico, sin darle tantas vueltas, se acercó a mí y sin preguntas me dio un pequeño beso, fue muy breve pero debo confesar que me gusto, me calentó un poco pero no podría demostrarlo y fingí indiferencia, el juego siguió y conforme pasaban los turnos, el alcohol y las preguntas, esto subía de tono; de pronto llegaron retos aún más fuertes, quitarse prendas de ropa, besar por más tiempo (un minuto), confesiones acerca de sus relaciones sexuales, contar experiencias previas, etcétera. Ya todos estabas bien prendidos con el juego y la plática; no había tenido experiencias previas en el juego hasta llegar a este punto, pero me la estaba pasando muy bien y todos los asistentes eran muy alivianados, así que no había mayor problema y de pronto llegó el punto cumbre de la noche, seguía el juego y el mismo asistente que me había retado a darle un beso ahora me dice – ¡dame sexo oral!-; No me quedaba claro que tipo de intensiones tenía ese dude exactamente,lo medité rápido, al principio me pareció absurdo y pensé – ¡qué pena! Que me vean chupándosela- en fin, acepte el reto y lo hice sin algún pudor, para variar el chico no estaba nada mal debo confesar. Hasta ese momento de la noche ese había sido el reto más fuerte y la verdad por la ebriedad en la que nos encontrábamos no quería que llegara a más; después de eso seguimos con la serie de preguntas personales, rondas de tragos y prendas de ropa; aunque ya casi no había confieso.

Pasaron las horas y después del juego tuve una charla muy amena con los asistentes, y hablaban de que no creían que iba a cumplir ese reto. Después de un rato, la una pareja de novios se retiró; la otra pareja que era la anfitriona de la casa decidió que era muy tarde y la verdad sí, me asome por la ventana y ya había luz de día, recuerdo que vi la hora en el teléfono, pero por mi estado etílico no recuerdo cuál era. Me quede dormido en el sofá. Al despertar y abrir los ojos me sentí un poco desubicado – ¡mierda! ¿Qué hora es? ¿Dónde está mi ropa? ¿Mi teléfono? Me puse rápido de pie y me fui de lado por tremenda resaca que me cargaba, mi amigo dormía en el suelo completamente ebrio, fue a buscar mi celular y gran sorpresa al ver la era hora, ya era media tarde, me puse la ropa, tome rápido mis cosas, desperté a mi compañero y salimos de ahí no sin antes despedirme de los nuevos amigos y prometer otra reunión memorable.

En este momento es cuando bendigo el vivir en el centro de la ciudad; todo te queda cerca y estoy a unas calles de mi depa. Caminaba de prisa y a lo lejos se escuchaba mucho bullicio, la verdad no sabía que pasaba; grata fue mi sorpresa al llegar a la avenida principal. ¡La marcha de la diversidad estaba en pie! Por tantas cosas y por andar de borrachera había olvidado cuando era; y yo ahí, crudo -más bien, aún ebrio-, sin haberme aseado, sin todos los arreglos previos que había hecho, sin ni siquiera algo que me distinguiera y la verdad no podía ni quería perderme de este evento memorable, pues era a la primer marcha a la que asistía, así que solo me limité a preguntarle a mi buen amigo -¿jalas?- sin pensarlo él respondió –sí- y fue en ese momento en que unimos al contingente multicolor y a la fiesta de la diversidad, no paso mucho tiempo para que alguien nos vendiera unas banderitas muy lindas para estar ad hoc con los demás participantes; caminamos por las calles riendo y disfrutando de todos los espectáculos presentes; hasta terminar en la macro con un maravilloso concierto de cierre.

Después del evento fuimos a otra reunión y conocí a chicos y chicas muy interesantes de esta maravillosa ciudad; pero eso… se los cuento después.

¡Arroz!▪

 


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